Archive for the Rock Category

DISCOGRAFÍAS BREVES (II): Blue Murder

Posted in Rock with tags on diciembre 22, 2011 by israelmaster

La importancia del trabajo de John Sykes a las seis cuerdas en el magnífico “1987” de Whitesnake es indiscutible. Suyo fue todo el trabajo de guitarra que puede escucharse en ese álbum, con la excepción del solo de “Here I Go Again”, que fue obra de Adrian Vandenberg. Pero el caso es que, una vez terminada la grabación del mencionado disco, tanto el propio Sykes, como el resto de la banda, serían invitados por David Coverdale a dejar el grupo. Tanto es así, que en los videoclips que acompañaron a los singles extraídos de “1987”, ninguno de los músicos que podemos ver participaron en una sola nota de la grabación (con la salvedad de la aportación de Vandenberg a la que me refiero más arriba).

Una vez fuera de Whitesnake, Sykes comenzó a dar forma a la idea de crear una especie de supergrupo, para lo cual contactó con músicos de la talla de Ray Gillen o Cozy Powell (con quien coincidió  en Whitesnake en la época de “Slide It In”). Algunas demos se grabaron con la música que se iba creando, pero el sello discográfico (Geffen), por motivos que nunca he tenido totalmente claros, se vio más interesado en una banda con el propio Sykes como voz solista que con Ray Gillen.

Así, y acompañado finalmente por Tony Franklin al bajo y Carmine Appice a la batería, Blue Murder publicarían su primer álbum.

“Blue Murder” (1989)

Una de las preguntas que podríamos hacernos al escuchar por primera vez este álbum es si la influencia de Whitesnake es muy marcada. Supongo que cada uno podrá tener su opinión, pero la mía es que un aire a la banda de Coverdale sí se aprecia por aquí y por allá (“Black Hearted Woman” serviría como ejemplo). Aunque nada más comenzar a sonar “Riot”, uno de los principales puntos a los que prestar atención es el peculiar sonido del bajo sin trastes de Tony Franklin. Efectivamente, el que fuera músico de The Firm, entre otros, logra una sonoridad realmente atípica con su instrumento, que emite unas notas que parecen jugar con el tono. Pero sobre todo llama la atención la voz de Sykes, que se reivindica a sí mismo como vocalista, con un registro que suena especialmente bien en las notas altas. Podría destacar “Valley Of  The Kings”, un extenso tema que me recuerda a las canciones más épicas de Dio, o “Jelly Roll”, que, con un interesante cambio de ritmo y melodía logra mutar a balada desde un comienzo de aire blues. Asimismo, encuentro digna de mención a “Out Of Love”, otra buena balada en la que Sykes nos regala un solo de guitarra más centrado en el sentimiento que en la velocidad, al contrario que en otras canciones del disco.

El nivel global de este debut me parece de notable alto, con tres grandes músicos que lograban grabar un excelente puñado de canciones que, aunque sonaban a muchas cosas, tenían ese “algo” que las hacía especiales.

“Nothin´But Trouble” (1993)

Lo primero a destacar de este segundo álbum es el cambio en la formación ya que, aparte de Sykes, ésta incluía a Marco Mendoza a la guitarra-bajo, Tommy O´Steen a las baquetas, Nik Green a los teclados y Kelly Keeling a los coros (y a la voz principal en un tema). Sin embargo, algunas partes sí fueron grabadas por Tony Franklin y Carmine Appice, que aparecen en los créditos como “músicos adicionales”. Habitualmente, “Nothin´But Trouble” suele estar considerado como un trabajo inferior a su predecesor, y tal vez sea cierto, lo que no es óbice para que su nivel sea también difícilmente discutible.

Yo me quedaría con dos de los temas de mayor sentimiento en la interpretación, que son “Cry For Love” y “I Need An Angel”, que vienen a ser como power ballads con envoltorio blues. Son dos canciones largas, con abundantes detalles a descubrir en cada escucha. El registro es algo más suave en “Save My Love”, que sugiere un regustillo soul y cuyo solo de guitarra recuerda al de “Is This Love?”, de Whitesnake, y “Shouldn´t Have Let You Go”, que podrían calificarse como medio-tiempos (más la primera que la segunda).

También sería bueno mencionar que en “Runaway” se deja sentir una cierta influencia de Phil Lynott en la entonación de Sykes al cantar. Nunca ha escondido su devoción por el desaparecido vocalista de Thin Lizzy, a quien dedica especialmente este disco, del mismo modo que hacía en el anterior.

“Nothin´ But Trouble” marcaría el final de Blue Murder como tal. Sykes siguió adelante, pero publicando discos con su propio nombre, dejando para el recuerdo estos dos magníficos discos que merecen un sitio en la colección de todo aquél que sienta algo por el hard rock en general.

“Screaming Blue Murder-Dedicated To Phil Lynott” (1994)

Álbum en directo grabado en Japón en 1993, en el que se recogen algunos de los mejores temas de los dos trabajos de la banda, además de dos temas de Thin Lizzy (“Cold Sweat” y “Dancing In The Moonlight”) y un tercero, “Please, Don´t Leave Me”, escrito a medias por Sykes y Lynott, en honor de quien se publica este directo. A mencionar también la versión de “Still Of The Night” de Whitesnake, cuya interpretación tiene poco que envidiar a la de David Coverdale. Impagable la foto de la contraportada, con el genial guitarrista señalando al cielo vistiendo la camiseta con la imagen de Lynott que luce en la portada.

Pues esto fue Blue Murder, otra de esas “discografías breves” que merecen ser descubiertas.

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DISCOGRAFÍAS BREVES (I): Damn Yankees

Posted in Rock with tags on julio 7, 2011 by israelmaster

Cuando echo un vistazo a mi colección de discos, me gusta observar que, de algunos grupos legendarios, poseo la discografía completa,o casi completa, de tal modo que la superficie física que ocupan los trabajos de ciertas bandas en mis estanterías es más que apreciable. Pero también me doy cuenta del gran valor que le doy a esos otros discos que corresponden con bandas de cortas discografías, bien sea por su breve existencia o por tratarse (en muchos casos así es) de formaciones que nacieron como proyectos paralelos de unos determinados músicos al margen de sus bandas habituales.

Y es que a veces, son justamente esos discos los que te cautivan por tratarse de verdaderas joyas, de algo que tuvo un momento concreto y muy específico en la historia del Rock, para desaparecer luego como tal entidad musical bajo ese determinado nombre y pasar sus componentes a formar parte de otros proyectos musicales o volver a sus grupos de siempre.

Dedicaré mis próximos posts a dar un  repaso a algunas de esas “breves discografías”. Soy consciente de que hay innumerables casos de los que podría hablar, pero me centraré en algunos de mis favoritos.

Se podría decir que el origen de Damn Yankees tuvo lugar cuando Tommy Shaw, tras la gira de presentación de su álbum “Ambition” (1987) se planteó el volver a formar parte de una banda (fue miembro de Styx durante años). Al parecer, le apetecía no tener la atención del público tan focalizada sobre él cuando estaba en el escenario. El caso es que, por aquél entonces, Ted Nugent tenía una idea similar tras publicar “If You Can´t Lick´Em …Lick´Em”. No deja de ser llamativo el hecho de que dos músicos tan diferentes en estilo (Shaw se centraba en el rock melódico, mientras que Nugent era un auténtico torbellino interpretando hard-blues-rock) lograsen tan buena compenetración en una serie de conciertos que dieron en Nueva York en aquéllos días. El proyecto de banda comenzaba a tomar forma, pero aún estaba por llegar un componente clave a la misma.

Y es que, en aquel momento, los geniales Night Ranger habían decidido tomarse un respiro, y su principal vocalista y bajista, Jack Blades, estaba sin grupo.

Tras aceptar Blades formar parte de este proyecto, ya sólo faltaba un batería, así que Shaw llamó a Michael Cortellone, que le había acompañado en su última gira.

Damn Yankees habían nacido.

“DAMN YANKEES” (1990)

Si Nugent, Blades y Shaw buscaban encontrar una fórmula que diese un nuevo impulso artístico y comercial a sus respectivas carreras, con este álbum dieron con ella. Y tanto que lo hicieron. El disco es una verdadera joya del hard rock melódico, en la que creo apreciar mucho más la impronta de Blades y Shaw que la de un Nugent que parece querer quedarse en un segundo plano, dejando muestras de su estilo a las seis cuerdas, pero dando las riendas en el plano compositivo y vocal a sus compañeros. De hecho, el único tema cantado por Ted es la enérgica “Piledriver”, que cierra el álbum.

Entre las grandes canciones aquí incluidas mencionaré “Coming of Age”, que abre este gran trabajo dejando claro por dónde van a ir los tiros, y mostrando la buena química que surgió entre el ex-Styx y el (por aquél entonces) ex-Night Ranger, y lo bien que cantaban juntos.

Otros grandes momentos llegan con “Runaway” (excelente melodía) y con “Tell Me How You Want It”, aunque lo mejor, en mi opinión es el hermoso comienzo en acústico de “Come Again” y, sobre todo, la indiscutible joya del disco, que lleva por título “High Enough”.

Éste último tema merecería, sin duda alguna, ser recordado para siempre como una de las grandes baladas de la historia del Rock.

“DON´T TREAD” (1992)

Con el afamado Ron Nevison de nuevo en las tareas de producción, la banda seguía con “Don´t Tread” el camino trazado con su primera entrega. Para mi gusto está menos logrado, en conjunto, aunque hay un buen puñado de grandes canciones, como “Someone to Believe”, llena de matices, algún cambio de ritmo y aunando magníficamente pasajes acústicos con buenas dosis de electricidad. También destacaría “Mister Please”, en la que llegan a recordar a Led Zeppelin en unos momentos y en otros a Guns ´N´Roses (por increíble que parezca la combinación) y la adrenalínica “Don´t Tread On Me”.

Ahora bien, de modo similar a lo que comento más arriba sobre su álbum debut, aquí también considero como lo mejor del disco dos medio tiempos/baladas como son “Where You Goin´ Now” y especialmente “Silence Is Broken”. Tommy Shaw brilla con luz propia en este tema, con ese timbre de voz agudo tan característico, que ya ayudó a convertir en legendario parte del repertorio de Styx en su momento.

Tras “Don´t Tread”, y la subsiguiente gira, Nugent retomaría su carrera en solitario, de tal modo que Damn Yankees dejarían de existir, aunque con matices, puesto que en 1995 se publicaría “Hallucination”, bajo el nombre de Shaw/Blades. Otro disco a descubrir, con alguna canción realmente magnífica, aunque con un sonido, en general, menos hard rock que el de Damn Yankees.

Independientemente de que su existencia fuese efímera, los dos discos de Damn Yankees son absolutamente recomendables para el seguidor del buen hard rock con abundantes melodías.

Y es que, cuando se juntan músicos con verdadero talento, no debe sorprender que el resultado sea tan bueno como lo fue en este caso.

AMPLIFIER: “The Octopus” (2011)

Posted in Progresivo with tags on mayo 24, 2011 by israelmaster

Recuerdo perfectamente cuál fue el primer vinilo de mi ahora extensa (modestia aparte) colección. Fue “A Momentary Lapse Of Reason”, de Pink Floyd, el mismo año en que fue publicado (1987). Tengo claro que no se trata de la mejor obra de la banda, en cuya discografía me fui adentrando posteriormente, pero me parece interesante mencionar este hecho, tal vez anecdótico, pero que resulta representativo del interés que ha despertado siempre en mí el rock progresivo.

Con el tiempo he ido explorando multitud de estilos y épocas, musicalmente hablando, pero cada cierto tiempo vuelvo al progresivo. Tras haber pasado estos últimos meses profundizando en lo que dio de sí esta variante o subestilo dentro del Rock en la década de los ´80, que es una etapa no suficientemente reconocida, según mi opinión, por una u otra razón he querido dedicarles tiempo a las bandas más actuales.

En concreto, me gustaría detenerme un momento a comentar este “The Octopus”, tercer larga duración del trío de Manchester Amplifier, formado por Matt Brobin a la batería, Neil Mahony al bajo y Sel Balamir a la guitarra y voces. Un álbum sobre el que se ha escrito bastante últimamente en la prensa especializada (y en la que no lo es tanto). Este disco, que ya a finales de 2010 se puso a disposición de los fans directamente desde la web del grupo, llegaba a los canales de distribución habituales a comienzos de 2011. Hasta ese momento, su discografía la componían “Amplifier”, “Insider”, y los Ep´s “The Astronaut Dismantles Hal” y “Eternity”.

Amplifier juegan en la misma liga que The Pineapple Thief, Haken, Oceansize o Porcupine Tree . Aunque me resisto a etiquetar su propuesta exclusivamente como “Rock Progresivo”, toda vez que la música que conforma este álbum bebe de diversas fuentes.

Lo primero que llama la atención en “The Octopus” es su duración, dado que es un doble cd que supera las dos horas en total. Amplifier afirman que estas canciones estaban concebidas para dar forma a sus dos siguientes trabajos, pero han acabado siendo uno. Esta extensa obra muestra a una banda que ha tratado de dar una vuelta de tuerca más a lo expuesto en los dos primeros discos, añadiendo multitud de matices, enriqueciendo con diferentes texturas ese sonido que, anteriormente, parecía querer asemejarse al de Soundgarden. Aquí, cada tema esconde una gran variedad de pequeños detalles que sólo se descubren tras varias escuchas.

No puedo evitar atisbar entre los ecos y sonidos flotantes de “The Wave” o de “Interstellar” algunos elementos que encajarían sin problema en “Dopes To Infinity” de Monster Magnet. Como tampoco negaré que por momentos parecen recrear las mismas sensaciones que me producían en los ´90 mis añorados Tool, tal como sucede con “Planet Of Insects”, “The Sick Rose” o el tema-título, “The Octopus”.

Encontraremos el lado más progresivo de esta poliédrica banda en “Minion´s Song”, “White Horses At Sea/Utopian Daydream” y “Forever And More”. Pero donde dan rienda suelta a su capacidad para crear atmósferas es en “Trading Dark Matter On The Stock Exchange”, que con sus más de once minutos deja claro que Amplifier se encuentran verdaderamente a gusto sin encorsetamientos estilísticos, plasmando en forma de canción aquéllo que simplemente brota de su imaginación.

Resulta admirable la cantidad de sonidos diferentes que Sel Balamir es capaz de conseguir con su guitarra, que tan pronto suena cristalina como atronadora (“Interglacial Spell” sería buen ejemplo de esto último).

Un disco de estas características, casi por definición, suele recibir alguna acusación de pretenciosidad, y este no ha sido una excepción, como he podido leer en alguna revista. Ese tipo de juicios es habitual, y tal vez tengan parte de razón en este caso, pero mi opinión es otra.

Yo he disfrutado enormemente este “The Octopus”, y me ha encantado ir descubriendo poco a poco todo lo bueno que esconde en sus microsurcos. Quizá no sea una obra maestra en toda regla, pero valoro muy positivamente que en los tiempos que corren se publique algo como esto, especialmente sin contar con discográfica alguna que lo haya respaldado.

Suelen decir que el pulpo representa para ellos la metáfora de la interconexión e interdependencia de las cosas, aunque reconozco que cuando ví la portada creí que representaba algo así como las diferentes influencias que pueden llegar a conformar el resultado final de una obra. Musical, en este caso.

Sea como fuere, he escuchado durante años a Yes, Genesis, Rush, Pink Floyd, Camel…porque siempre me ha atraído la música que exige un plus al oyente para adentrarse en ella, para disfrutarla plenamente.

Recomiendo “The Octopus” a todo aquél que esté dispuesto a dar ese plus.

Dales una oportunidad. No te arrepentirás.

BAD RELIGION: “The Dissent Of Man” (2010)

Posted in Rock with tags on mayo 2, 2011 by israelmaster

No puedo ser objetivo con Bad Religion, lo reconozco. Si hago memoria, creo que mi primer contacto con ellos data de la época de “Generator” (1992), y desde entonces he ido escuchando todos sus discos.

Soy consciente de que este es uno de esos grupos (como AC/DC, Motorhead, Ramones y alguno más) a los que se les critica, principalmente, la excesiva similitud existente entre todos sus trabajos. Es algo que difícilmente podríamos negar, como tampoco creo que podamos negar que son los creadores y el verdadero paradigma de un estilo, el hardcore melódico, que nadie ha sabido realizar tan bien como ellos, y que casi toda su discografía logra un nivel de calidad digno de mención. Quizá podríamos ponerle un asterisco, en este sentido a “No Substance”pero estamos hablando de una carrera de ¡30 años!.

Y el caso es que aquí siguen, contra viento y marea, con nuevo disco, publicado en septiembre de 2010 (tres años después de “New Maps Of Hell” y con la misma formación), dispuestos a ofrecernos lo que esperamos de ellos, o sea, canciones cortas interpretadas a toda velocidad y con melodías a raudales.

“The Dissent Of Man” comienza con un tema marca de la casa, “The Day That The Earth Stalled”, que no llega al minuto y medio, para enlazar, sin darnos respiro alguno, con mi canción favorita del disco: “Only Rain”, que nos recuerda que este grupo, cuando da en el clavo, no tiene rival en este estilo. El tercer tema, “The Resist Stance” sirve de perfecta continuación a la ráfaga de notas hasta llegar a “Won´t Somebody”, cuyo ritmo es más propio de una canción rock medio-tiempo, y que ya habían incluido en la edición especial de “New Maps Of Hell” en una curiosa versión acústica.

“The Devil In Stitches” hace que la adrenalina vuelva al nivel de las tres primeras canciones para llevarnos a otro logrado tema que lleva por título “Pride And The Parlor”, realmente saltarina y con un toque, en algún momento, que me trae a la mente a Green Day.

“Wrong Way Kids” es la escogida para ser acompañada con  videoclip, el cual, aún partiendo de la simple idea de compilar imágenes de todas las épocas del grupo, tiene su punto de emotividad, especialmente la secuencia final, con un Greg Graffin jovencísimo dirigiéndose a la cámara. El mismo Graffin que hoy en día compatibiliza la música con su trabajo de profesor universitario y escritor, con dos libros ya publicados.  Las vueltas que da la vida.

“Meeting Of The Minds”, por su parte, claramente constituye el pico de potencia sonora de “The Dissent Of Man”. No hay más que observar la parte final del riff principal. Y hasta parece querer sonar un doble bombo. “Someone To Believe” y “Avalon” se encargan de que sea prácticamente imposible seguir el ritmo de la música golpeando el suelo con el pie, especialmente la segunda, arquetipo de la clase de canción que hizo que Bad Religion me gustaran desde el momento en que entré en contacto con su música, allá por los primeros ´90.

A partir de aquí, se produce una ralentización más que apreciable en el discurrir del álbum. Un tanto sorprendente por lo brusco que resulta, aunque en cualquier caso no vaya necesariamente parejo a una merma en la calidad.

Así, “Cyanide” aporta unas pinceladas de rock americano realmente atípicas en la música de Bad Religion, de lo que tiene gran parte de culpa Mike Campbell, guitarrista de los Heartbreakers de Tom Petty, que deja una muestra de su maestría a las seis cuerdas. Aunque nos haga fruncir el ceño inicialmente, por lo sorpresivo de sus sonoridades, reconozco que es un buen tema.

Como también lo es “Turn Your Back On Me”, en la que aprecio un regustillo power pop alejado de los parámetros habituales y clásicos del grupo en cuanto a estructura, aunque es otra canción realmente pegadiza.

Me gustan menos, sin embargo, “Ad Hominem” y “Where The Fun Is” que me dicen más bien poco, aunque el cierre, con “I Won´t Say Anything”, si bien es cierto que vuelve a sonar a pop con guitarras, sube algo el nivel.

Tengo la sensación de que una ordenación diferente de las canciones mejoraría el resultado final, y evitaría esa aparente fractura en dos partes diferenciadas logrando, probablemente, un conjunto más cohesionado.

Independientemente de ese detalle que apunto, “The Dissent Of Man” me parece muy bueno. Y meritorio a tenor del hecho de que una banda de estas características haya cumplido ya treinta años de carrera musical.

Al comienzo de este post, dije que no podía ser objetivo con Bad Religion. Es uno de esos grupos que no están en mi altar particular, ni puedo decir que alguno de sus discos haya sido crucial en mi vida. Pero, sin embargo, les considero como viejos amigos que sé que siempre estarán ahí, musicalmente hablando, y en los que puedo confiar a la hora de decidirme a escuchar cada trabajo que publican, porque difícilmente me fallarán.

Aquí un amigo.

FIREHOUSE. Los últimos de una generación

Posted in Rock with tags , on abril 13, 2011 by israelmaster

La importancia de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado puede ser capital, hasta el punto de marcar de modo determinante la carrera musical de un grupo de Rock. Firehouse es uno de esos nombres a los que, cuando uno se refiere, no puede evitar hacerse la pregunta de qué habría sucedido en caso de haber irrumpido en la escena rockera simplemente tres o cuatro años antes.

Probablemente, ellos mismos se lo habrán estado preguntando todos estos años, y no porque no hayan tenido reconocimiento de crítica y público (que es algo de lo que sí han disfrutado), o recibido algún premio, sino por lo diferente que podría haber sido su impacto en una coyuntura y entorno musicales más favorables. El hecho de que su primer álbum fuese publicado en 1990, suele situarles como el último de los grandes grupos de la era dorada del Hard Rock, que es como muchos consideramos a la década de los ´80 .

Esta formación se componía de ex-miembros de White Heat y Maxx Warrior, y estaba establecida en Charlotte. Su oportunidad llegó de la mano del sello Epic, con el que se editaría su primer álbum.

“FIREHOUSE” (1990)


Excelente debut. Una pequeña joya que tuvo cierta repercusión, con el impulso de unos acertados singles, como “Don´t Treat Me Bad” o “All She Wrote”, cuyos videoclips gozaron de una notable difusión. Dos temas potentes y muy logrados, aunando las dosis justas de energía y melodía. Yo también destacaría “Overnight Sensation”, y “Home Is Where The Heart Is”, también cargadas de melodía con un envoltorio de Hard Rock. Pero por más vueltas que le quiera dar, la canción estrella del álbum es la balada “Love Of A Lifetime”, probablemente el título más emblemático de su carrera a día de hoy. Siempre me han gustado las baladas rockeras, pero esta en concreto tiene algo especial: ese comienzo en acústico, esa gran interpretación vocal de C.J. Snare, y ese sentimiento general que envuelve la canción.

Además del propio Snare, la banda se completaba con Bill Leverty a la guitarra, Perry Richardson al bajo y Michael Foster a la batería.

Como dato significativo hay que resaltar el hecho de que Firehouse fueron galardonados en los American Music Awards como mejor nueva banda Hard Rock/Heavy Metal de 1991, categoría en la que estaban nominados también Nirvana y Alice in Chains, otros dos grupos emergentes, pero cuyos estilos eran emergentes también, al contrario de lo que sucedía con los protagonistas de este post.

“HOLD YOUR FIRE” (1992)

Contando con la producción de David Prater, con el que ya habían trabajado en su debut, esta segunda entrega seguía similares parámetros a los de su predecesor, aunque en mi opinión el resultado general es ligeramente superior. Aquí, el equivalente a “Love Of A Lifetime” sería “When I Look Into Your Eyes”, otra balada marca de la casa que constituía uno de los momentos destacados del disco. “Sleeping With You” era otro tema también digno de mencionar, de tono ciertamente alegre y desenfadado, mientras que en “Reach For The Sky” o “Rock You Tonight” se encargaban de recordarnos que esto no deja de ser Hard Rock. Personalmente, me gusta mucho también “Life In The Real World”, hacia el final del álbum.

Firehouse seguían a lo suyo con este segundo trabajo, en un panorama musical poco dado ya a este tipo de propuestas.

“3” (1995)

Con esta tercera entrega, no sólo tenían que “competir” con las bandas que habían llegado desde Seattle, ya establecidas en 1995. Por aquel entonces, estaba cobrando fuerza lo que se daba en llamar nu-metal o metal alternativo, cuyos máximos exponentes eran Korn y Deftones. Pero Firehouse parecían mantenerse impertérritos y absolutamente fieles a sus ideas y estilo. Este tercer álbum, no obstante, ya no sonaba exactamente igual que las dos entregas previas, si bien es más una cuestión de matices y trabajo en estudio que de verdadero cambio de estilo (que realmente no existía).

Y lo curioso del caso es que el productor de “3” era Ron Nevison, que produjo nada menos que  “Vital Signs” y “When Seconds Count” de Survivor, o el álbum homónimo de Heart, de 1985, así como “Backlash” de Bad English. No parecía el más indicado si lo que se pretendiese fuera actualizar el sonido de Firehouse.

Destacaría “Love Is A Dangerous Thing” y “What´s Wrong” dentro de los temás más enérgicos, pero donde brillan con luz propia es en los cortes más relajados: “Here For You”, con una guitarra acústica que suena a gloria, “No One At All”, en la que la voz de C.J. Snare recuerda a Bon Jovi, o la joya del disco, “I Live My Life For You”, que puede ocupar, por derecho propio, un lugar entre las grandes del estilo…aunque se publicase en 1995.

En esas fechas, Firehouse encontrarían un filón en países asiáticos, en los que el seguimiento del grupo era realmente importante. Tanto como para programar extensas giras por dichas latitudes.

“GOOD ACOUSTICS” (1996)

Su unplugged particular. Aunque con matices, puesto que se incluían temas nuevos como “You Are My Religion”, “In Your Perfect World” o “Love Don´t Care”, además de una versión de “Seven Bridges Road”, tema original de Steve Young, aunque popularizado por Eagles en su álbum “Eagles Live” de 1980.

No soy especialmente entusiasta con los discos de estas características y, si bien es verdad que cuando un grupo que me gusta graba algo en acústico suelo comprar el álbum, no es menos cierto que tras la primera escucha pasa tiempo hasta que vuelvo a él. No obstante, este “Good Acoustics” se deja escuchar, probablemente por las características del repertorio de la banda, cuyas cualidades melódicas encajan bien en este tipo de formato. Le pondría el pero del enfoque que dan a su emblemático “Love Of A Lifetime”, con un regustillo country que no acabo de ver.

Está mucho mejor conseguida, sin embargo, “When I Look Into Your Eyes”, que casi parece haber sido concebida para sonar así. Este álbum les traería todavía más seguidores en Asia, convirtiéndoles en auténticos ídolos en Malasia, Tailandia, Filipinas o Japón.

“CATEGORY 5” (1998)

Publicado a finales de 1998 en Japón, país en el que el seguimiento de la banda era ya claramente superior al que tenían en su propio país, en el que el álbum no vería la luz hasta 1999.

El ritmo general muestra un claro descenso con respecto a los anteriores lanzamientos, y el sonido resulta mucho más pulido y con menos pegada que todo lo grabado hasta el momento (a excepción, claro está, del disco acústico). La faceta melódica gana claramente la partida aquí, lo cual queda patente en “Dream”, “I´Do Anything” o en “The Day, The Week And The Weather”, siendo ésta última una de las más logradas de este “Category 5”. Es una de esas canciones en las que dan en el clavo, y cada nota parece estar justo donde debe.

En la vertiente más eléctrica incluiría “Can´t Stop The Pain”, las sonoridades ligeramente psicodélicas de “If It Changes”, en la que se aprecian texturas y atmósferas no escuchadas hasta ahora en su música, o la pegadiza “Acid Rain”, otro de los títulos destacados.

No lo calificaría com un trabajo imprescindible, aunque me ha ido pareciendo mejor cuanto más lo he ido escuchando.

“Bring´em Out Live” (1999)

Primer directo oficial de Firehouse, en el que se recoge el concierto que ofrecieron en Osaka el 22 de abril de 1999.

En este caso también se publicaría primero en Japón, a finales de 1999, no siendo lanzado en Estados Unidos hasta 2000, de modo similar a lo que había sucedido con su anterior “Category 5”.

“O2” (2000)

Pues, como quien no quiere la cosa, este grupo que se presentó en sociedad coincidiendo con los últimos coletazos de una gran década para el hard rock como fue la de los ´80, se las apañó para estar ahí todavía en el año 2000. No sé si podemos calificarlo de milagro o de perseverancia.

El caso es que este “O2”, desde luego, se desmarca claramente de su anterior y tranquilo “Category 5”. Para este disco, contaron con Bruce Waibel al bajo, ya que Perry Richardson había decidido dejar la banda.

Desde el comienzo, ya notamos crujir las guitarras de nuevo, lo cual es especialmente apreciable en el tema “The Dark”, hacia el que sentí inicialmente un cierto rechazo al escuchar esas primeras estrofas casi rapeadas, pero que es mejor de lo que parece si se le da una oportunidad. También escuchamos cómo el guitarrista Bill Leverty se encarga de cantar en “I´m In Love This Time”, otra canción que rebosa energía.

Lo mejor de este disco, no obstante, y según mi opinión, serían “Unbelievable” y su conseguida melodía que se pega como chicle, la hard rockera “Call Of The Night”, y “Loving You Is Paradise” (no podía faltar la balada).

“PRIME TIME” (2003)

Producido de nuevo por la propia banda, como venía sucediendo desde “Good Acoustics”, y continuando con la idea de su anterior entrega, “Prime Time” contenía diez nuevos temas eminentemente eléctricos, entre los que sobresalen “Perfect Lie”, con un nivel de decibelios nada despreciable para lo que es habitual en ellos y “Home Tonight”, que suena a hard rock del de toda la vida, tanto como que me la imagino perfectamente en cualquiera de sus dos primeros discos. La labor de bajista corría aquí a cargo de Dario Seixas, tras el fallecimiento de Bruce Waibel.

El momento pausado del álbum se queda para el cierre, con “Let Go”, una canción de tono ligeramente triste para cerrar un álbum y, hasta hoy, una carrera discográfica.

Firehouse es un grupo a reivindicar, y cuyo impacto en la escena rockera se vio minimizado por el hecho de haber llegado cuando el mejor momento de la historia para el hard rock acababa de pasar. Su obra, sin embargo, merece la pena ser descubierta y disfrutada sin pararse a comprobar la fecha de publicación.

Creo honestamente que sus dos primeros trabajos (incluso “3”, si se me apura) combinan perfectamente con “Out Of The Cellar” de Ratt, “Long Cold Winter”, de Cinderella, o “Hysteria”, de Def Leppard. Y que sus mejores baladas tienen poco que envidiar a las míticas “Is This Love”, de Whitesnake, “Every Rose Has Its Thorn”, de Poison, “Without You”, de Mötley Crüe o cualquiera de similar estilo que nos pueda venir a la mente.

LOS 50 MEJORES DISCOS DE LA HISTORIA

Posted in Rock with tags on abril 2, 2011 by israelmaster

Hasta ahora, siempre me había mostrado reticente a este tipo de cosas. Nunca creí en esto de las listas.

Aunque siempre me ha gustado leer las que se publicaban en revistas de Rock, por aquéllo de la curiosidad, nunca supe cómo afrontar el hecho de elaborar una yo mismo.

Cómo separar lo objetivo de lo subjetivo. Cómo evitar reflejar en una lista los gustos personales y ser capaz de realizar una ordenación basada en criterios de calidad. Difícil, la verdad.

Pero el caso es que la reciente convocatoria del blog The Best Music en la que invitaba a los demás blogueros a seleccionar los 50 mejores discos de Rock de la historia me hizo dar el paso. No sé qué fue lo que me atrajo de su propuesta. Tal vez el ambiente general de entusiasmo de los participantes, lo convincente de la ilusión con que se planteó este experimento o simplemente porque, en este momento, sí me apetecía mojarme.

Y, al fin, tras casi una semana de ardua labor de selección, esta es la lista de los que, según mi criterio, han sido los 50 mejores discos de la historia del Rock, y que remití a los organizadores de tan interesante votación:

1.“Abbey Road”-The Beatles (1969)

2.“Appetite For Destruction”-Guns´N´Roses (1987)

3.“Thick As A Brick”-Jethro Tull (1972)

4.“Tommy”-The Who (1969)

5.“White Album”-The Beatles (1968)

6.“Ziggy Stardust”-David Bowie (1972)

7.“Arthur”-The Kinks (1969)

8.“The Lamb Lies Down On Broadway”-Genesis (1974)

9.“Metallica-The Black Album-“-Metallica (1991)

10.“The River”-Bruce Springsteen (1980)

11.“Dirt”-Alice In Chains (1992)

12.“Pet Sounds”-The Beach Boys (1966)

13.“Killer”-Alice Cooper (1971)


14.“A Night At The Opera”-Queen (1975)


15.“The Wall”-Pink Floyd (1979)


16.“Amorica”-The Black Crowes (1994)


17.“Quadrophenia”-The Who (1973)


18.“Hysteria”-Def Leppard (1987)


19.“Forever Changes”-Love (1967)


20.“Blind Melon”-Blind Melon (1992)


21.“Bat Out Of Hell”-Meat Loaf (1977)


22.“Boston”-Boston (1976)


23.“Slippery When Wet”-Bon Jovi (1986)


24.“Close To The Edge”-Yes (1972)


25.“Vol.4”-Black Sabbath (1972)


26.“Sticky Fingers”-Rolling Stones (1971)


27.“Ozzmosis”-Ozzy Osbourne (1995)


28.“Born In The USA”-Bruce Springsteen (1984)


29.“Aenima”-Tool (1996)


30.“Ten”-Pearl Jam (1991)


31.“Painkiller”-Judas Priest (1990)


32.“Strength”-Enuff Z´Nuff (1991)


33.“When Seconds Count”-Survivor (1986)


34.“Escape”-Journey (1981)


35.“Somewhere In Time”-Iron Maiden (1986)


36.“The Works”-Queen (1984)


37.“The Doors”-The Doors (1967)


38.“Metropolis Pt.2-Scenes From A Memory”-Dream Theater (1999)


39.“III”-Led Zeppelin (1970)


40.“Back In Black”-AC/DC (1980)


41.“Love At First Sting”-Scorpions (1984)


42.“1987”-Whitesnake (1987)


43.“Pump”-Aerosmith (1989)


44.“Spilt Milk”-Jellyfish (1993)


45.“Tomorrow The Green Grass”-The Jayhawks (1995)


46“Deloused In The Comatorium”-The Mars Volta (2003)


47.“Dynasty”-Kiss (1979)


48.“Superunknown”-Soundgarden (1994)


49.“Nothingface”-Voivod (1989)


50.“A Farewell To Kings”-Rush (1977)

En el momento de escribir estas líneas, el resultado de la votación organizada por The Best Music aún no se ha dado a conocer, y mentiría si dijera que no me importa el resultado, porque la curiosidad que siento es enorme.

En cuanto a mi selección, diré que la he hecho a mi gusto, y creo que en el número 1 de la misma está el disco que tiene que estar, porque sin dudar de la valía de los 49 restantes, “Abbey Road” merece, para mí, estar en lo más alto.

Realizar esta selección tiene el inconveniente de que me siento mal al dejar fuera títulos imprescindibles, pero sólo hay sitio para 50, aunque el número de discos que forman parte de mi vida sea muy superior.

¡Larga vida al Rock!

IT BITES. Sinfonismo pop

Posted in Progresivo with tags , , on marzo 2, 2011 by israelmaster

Este es uno de esos grupos difíciles de clasificar, por estar a medio camino de varias cosas, y más cercanos a unas que a otras según el álbum, moviéndose entre un estilo pop un tanto sofisticado en sus comienzos, para mostrar al mundo sus influencias de bandas clásicas del rock progresivo posteriormente, y más adelante hacerse un hueco entre los seguidores del hard rock. Y todo ello en un lapso de tres años. Difícilmente se puede cambiar más veces en menos tiempo.

Tal vez, alguno de los golpes de timón que dieron en su carrera ayudó poco a definir exactamente cuál era su público potencial, aunque a mí me parece que la valía de su propuesta se ha ido apreciando más con los años. Es más, he llegado a la conclusión de que su música se disfruta mucho más si uno se acerca a ella sin ideas preconcebidas, como me sucedió a mí en su momento. Simplemente me interesé por It Bites porque en una reseña que leí en una revista, se hablaba del peculiar estilo al tocar la guitarra de su vocalista Francis Dunnery.

No sabía lo que me iba a encontrar, y justamente esa falta de referencias previas evitó un inicial rechazo por mi parte al considerar que mis expectativas respecto al grupo no se veían satisfechas.

“THE BIG LAD IN THE WINDMILL” (1986)

La suerte llamó a su puerta cuando en 1986 fueron fichados por Virgin para grabar su primer álbum, tras haber estado dos años viviendo en Londres, dedicándose a tocar y desarrollarse como músicos, como han comentado en alguna entrevista. El cuarteto estaba formado por Bob Dalton a la batería, Dick Nolan al bajo, John Beck a los teclados y Francis Dunnery a la guitarra y como vocalista.

Como solía ser costumbre a mediados de los ´80, se realizaron una serie de video-clips para acompañar a los singles que se editaban con canciones del álbum. Y uno de esos singles, “Calling all the Heroes” pareció abrir un interesante camino para ellos, ya que fue un tema muy radiado en la época.

Efectivamente, se trataba de una canción pegadiza, con una atractiva melodía y un buen estribillo, con unos interesantes arreglos de voces y un sonido en el que predominaban los teclados. Sin embargo, en este álbum había algún elemento un tanto atípico para lo que se suponía que debía ser un grupo de estas características. Por aquí  y por allá aparece algún solo de guitarra a toda velocidad, o algún cambio de ritmo en la canción, dando lugar a un breve pasaje instrumental. Corto, pero que perfectamente podría no estar ahí si no fuese por la aparente intención del grupo de dejar patente su destreza con sus instrumentos, como sucede en “Screaming On The Beaches” (uno de mis temas favoritos de este debut) o en “Turn Me Loose” en la que Dunnery da rienda suelta a sus ganas de recorrer el mástil de su guitarra como si de un músico de hard rock se tratara, como queriendo romper el corsé de lo que debería ser la estructura de una canción pop.

Aún así, todo esto apenas hacia intuir lo que vendría después.

“ONCE AROUND THE WORLD” (1988)

De entrada, ya hay algo que llama la atención incluso antes de escuchar este segundo trabajo, y que nos da una pista de que nos encontraremos algo diferente al primero. El tema-título, tiene una duración cercana a los ¡quince minutos!, y otro, concretamente “The Old Man And The Angel”, se va por encima de los nueve.

It Bites decidían dar un paso más con este “Once Around The World” hacia el rock progresivo. Aunque el tono general no es radicalmente diferente al de “The Big Lad…”, sí notamos que esa cierta inmediatez y alegría pop no se aprecia aquí de la misma manera. Aparte de los dos temas citados más arriba, “Yellow Christian” sería otro claro ejemplo de la tendencia al sinfonismo, apreciándose por primera vez, según mi opinión, alguna pincelada de Genesis (debilidad reconocida de Francis Dunnery). En Virgin, sin embargo, no estaban particularmente entusiasmados por esta vuelta de tuerca estilística, e hicieron lo posible por que grabaran algún tema que pudiera tener gancho como single. “Kiss Like Judas” encajaba en ese esquema, como también sucedía con “Midnight”.

Aunque creo que lo más destacable es el extenso tema-título, con su estructura y desarrollo divididos en multitud de pasajes, melodías y sonoridades.

En esta grabación Francis Dunnery utilizó por primera vez un instrumento cuya invención se le atribuye, llamado Tapboard. Era una especie de guitarra que se tocaba colocándola en posición horizontal y golpeando las cuerdas con los dedos rápidamente. Permitía conseguir un efecto similar al de una guitarra convencional emitiendo notas a gran velocidad.

Este “Once Around The World” me parece superior a su predecesor, independientemente de la diferencia de concepto entre ambos. Aprecio mayor riqueza en la composición y también a nivel instrumental, que podrían consolidar el estilo que It Bites querían seguir a partir de ese momento. Pero este grupo era cualquier cosa menos predecible.

“EAT ME IN ST. LOUIS” (1989)

Tercer álbum, y de nuevo se reinventan, acercándose al hard rock y dejando a un lado los devaneos progresivos de su anterior disco. No creo que sea un mal trabajo, para nada, aunque me gusta menos que los otros dos.

Hay muy buenas canciones aquí, como “Underneath Your Pillow” que no creo que desentonase del todo en “Once Around The World”, o “The Ice Melts Into Water”, que puede ser perfectamente el único rastro de ese incipiente sinfonismo que parecían haber querido abrazar. Gran tema con una lograda atmósfera y, tal vez, la mejor interpretación vocal de todo el disco. La canción que terminó siendo un single de cierto éxito, en este caso, sería “Still Too Young To Remember”. También podríamos destacar “Sister Sarah”, que fue otro de los temas que se lanzó como single. Resulta llamativo que encargasen el diseño de la cubierta del álbum a Roger Dean, diseñador habitual de las carpetas de Yes, el cual, no acabo de tener claro que hiciese en este caso una buena labor.

Debo insistir en que es un buen trabajo, aunque no me llene tanto como los dos anteriores. Sea como fuere, al año siguiente, It Bites anunciaron su disolución como grupo.

Efectivamente, tras “Eat Me In St. Louis”, tan sólo se publicaría el directo “Thank You And Goodnight”. Y la historia de It Bites se terminó…¿o no?

“THE TALL SHIPS” (2008)

Tras un intento de reunión de la formación original en 2006 que no acabó de cuajar en forma de nuevas grabaciones, en 2008 se publica “The Tall Ships”, regreso oficial de It Bites tras casi 20 años.  Las tareas vocales corrían a cargo de John Mitchell que había tocado para bandas como Kino o Arena, mientras que el resto del grupo lo formaban los miembros originales John Beck y Bob Dalton y el recién incorporado Lee Pomeroy.

La pregunta que uno se hace al conocer la noticia es de suponer: ¿a qué va a sonar esto? ¿Cuál de las caras de esta poliédrica formación es la que se nos mostrará en esta ocasión?

Difícil de explicar. Tal como yo lo veo, este disco tiene más que ver con “Once Around The World” que con los otros, dado que el hard rock brilla por su ausencia y el desenfado pop también. Sin embargo, se aprecia, en general, una sensación de estar escuchando por momentos algo parecido al rock melódico, a lo que creo que ayuda el registro vocal de John Mitchell, que suena suave y cálido, alcanzando momentos de gran belleza, como sucede en “For Safekeeping” y en “Playground”. Tenemos por otro lado la mayor complejidad de “Oh My God”, “Ghosts” y “Lights”, de gran riqueza en matices, aunque las dos joyas absolutas de este “The Tall Ships” son las dos piezas más extensas, “The Wind That Shakes The Bareley” y “This Is England”. El comienzo de ésta última me suena a los Genesis de la época de Peter Gabriel, y tras esa quietud, comienza el aluvión de distintos pasajes, ambientes y texturas. Y en cuanto a la otra, simplemente diré que me parece magistral.

It Bites es un grupo muy especial, cuya música merece ser descubierta y disfrutada por lo que es en sí misma, más allá de valoraciones distorsionadas por el hecho de tratar de englobarla en éste o aquél estilo.

Si se escucha con atención cualquiera de sus discos, se podrán descubrir multitud de matices que conforman una obra corta, pero con una gran riqueza musical.