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JELLYFISH. La vida a todo color

Posted in power pop with tags , , on marzo 8, 2011 by israelmaster

Todos los aficionados a la música tenemos nuestros favoritos. En algunos casos, como en el de quien suscribe, la amplia variedad de estilos permite que se pueda ser fan, al mismo tiempo, de bandas aparentemente en las antípodas unas de otras.

Pero creo estar en lo cierto al afirmar que uno siempre tiene ese pequeño abanico de nombres por los que siente algo especial, que le llevan a leer con atención cualquier noticia relacionada con ellos, a seguir grupos que les citen como influencia y, en definitiva, a volver una y otra vez a sus discos cada cierto tiempo.

Jellyfish es una de mis debilidades. Una banda de corta existencia en lo que a discografía se refiere, pero con una calidad que siempre me ha transmitido la sensación de que lo mejor de sí mismos estaba todavía por llegar cuando se separaron tras sólo dos discos.

Uno de los elementos que les hacía especiales era el crisol de influencias que conformaba su música, pudiendo apreciarse desde armonías vocales dignas de los Beach Boys más inspirados, hasta ecos de pop psicodélico, pasando por melodías de clara inspiración Beatle e incluso jugando por momentos a incorporar sonoridades que traían a la mente a los Queen de los ´70, a Supertramp, a 10cc…

Y el resultado de todo eso, lejos de asemejarse a un caos sin pies ni cabeza, no era otra cosa que un buen puñado de estupendas canciones con trabajadas melodías y arreglos. Acompañado todo ello de una colorista puesta en escena, con atuendos extraordinariamente llamativos.

“BELLYBUTTON” (1990)

“Bellybutton” presenta en sociedad a este grupo de San Francisco, formado por Jason Falkner, Roger Joseph Manning Jr., Chris Manning y Andy Sturmer. Y aunque el comienzo despista un poco con el ritmo lento de “The Man I Used To Be”, enseguida empiezan a mostrar sus cartas, con el mediotiempo “That Is Why”, que no hace sino prepararnos para el primer cañonazo, que lleva por título “The King Is Half-Undressed”, ante la que uno se pregunta si no podría pasar perfectamente por una canción de Redd Kross, y que sería lanzado como single, acompañada de un simpático video. Uno de los mejores temas del álbum, con excelentes armonías vocales cuando se produce el cambio de ritmo. “I Wanna Stay Home” hace las veces de balada, con un ritmo tranquilo marcado por la guitarra acústica, al tiempo que “She Still Loves Him” (que quiere hacernos caer en la trampa con su comienzo con notas de piano) nos recuerda que, como dije algo más arriba, The Beatles son un referente para Jellyfish, especialmente los de la segunda mitad de los ´60. Es que esta canción suena a “White Album” de modo indisimulado.

Volvemos a ganar velocidad con “All I Want Is Everything”, que supone el mayor despliegue de energía del disco, para enlazar con la alegre “Now She Knows She´s Wrong” y nos deleitamos después con el cadencioso y levemente psicodélico ritmo de “Bedspring Kiss”, una nueva muestra de la riqueza del sonido del grupo. Cada vez que escucho este tema descubro un matiz nuevo.

Y casi para el final dejan “Baby´s Coming Back”, pegadiza hasta decir basta, e irresistíblemente poppy, para la que se rodaría otro simpático y colorista videoclip. Este excelente debut discográfico lo cierra “Calling Sarah”, en la que apreciamos alguna reminiscencia de los Beach Boys, entre otra amalgama de sonoridades con la que estos músicos aderazaban sus canciones. ¿Se podía pedir más?

“SPILT MILK” (1993)

Pues sí, se podía pedir más, como dejaba claro “Spilt Milk”. Aquí, encontramos más o menos las mismas influencias que en su primer trabajo, pero se incorporan muchas otras. Por aquél entonces, Jason Falkner y Chris Manning habían dejado el grupo, incorporándose Tim Smith.

La inmensamente bella “Hush”, con unos juegos de voces que traen a la mente tanto a Queen como a los Beach Boys es una especie de nana que nos invita a cerrar los ojos y a tener felices sueños, para acto seguido encarar “Joining a Fan Club”, que suena a glam, a hard rock, y a Dios sabe qué más. Tras esto, llegamos a mi canción favorita de Jellyfish: “Sebrina, Paste and Plato”. Esto es una locura con sonidos de tiovivo, ambiente circense por momentos, voces de niños jugando…pero la estructura de la canción en sí, con sus melodías y sus distintas armonías sucediéndose con aparente facilidad me parece genial. Supongo que aquél que no tenga especial aprecio por este tipo de pop tan colorista no tendrá la misma opinión, pero yo disfruto con esta música (entre otros muchos estilos, como siempre trato de dejar claro).

“New Mistake” es una canción más “normal”, en la que creo apreciar algún eco de Supertramp en incluso la E.L.O., que nos lleva a la balada-medio tiempo “The Glutton Of Sympathy” que es el tema con arreglos más sencillos del disco, probablemente. “The Ghost At Number One”, por su parte, fue otro de los temas lanzados como single, y tiene aroma sixties, con unos coros magníficos hacia la mitad del tema (el espíritu Brian Wilson de nuevo presente), cuando éste parece detenerse.

“Bye, Bye, Bye” es una compota de sonidos de lo más variado que podría encajar en el “Sgt. Peppers” que viene seguida de “All Is Forgiven” en la que vuelven a hacernos recordar a los Queen clásicos. Canción potente, sin duda.

Y la calma regresa con otra joya bajo el título de “Russian Hill”, precioso tema con lograda y bucólica atmósfera cuyo ritmo lo marca la guitarra acústica sin que aparezca la batería prácticamente en toda la canción.

“He´s My Best Friend” no deja de recordarme en algún momento a la vertiente más pop de la psicodelia de los ´60, mientras que “Too Much Too Little Too Late” es un medio tiempo muy logrado que lleva directamente al cierre del álbum, “Brighter Day”, cuyo ritmo lento y pesado esconde un enorme abanico de melodías, texturas e instrumentación a lo largo de toda la canción.

“Spilt Milk” superaba claramente a su predecesor, con una riqueza de matices, sonoridades y atmósferas que hacen lamentar enormemente el hecho de que la banda se separase y esta maravillosa rareza llamada Jellyfish dejase de existir tras grabar este magistral álbum.

Tan sólo alguna recopilación y una caja que contiene algunas canciones inacabadas se publicarían posteriormente.

LA HUELLA DE JELLYFISH

Para empezar a buscar la estela de este grupo, creo que lo mejor es comenzar por los trabajos en solitario de sus componentes. Por un lado, puedo recomendar, sobre todo “Solid State Warrior” y “Catnip Dynamite”, de Roger Joseph Manning Jr., que conservan parte del sonido que tenía la banda.

Como también son disfrutables los de Jason Falkner: “Presents Author Unknown”, “Can You Still Feel?” y “All Quiet On The Noise Floor”, entre otros. Quizá no tengan ese puntito de locura de la música de Manning, pero hay excelentes canciones en ellos.

También quiero mencionar, de los múltiples proyectos en los que ha estado involucrado Manning, a Imperial Drag, banda que formó junto a Eric Dover, y en cuyo único disco se supone que se incluyeron canciones que estaban destinadas a aparecer en el tercer álbum de Jellyfish, que nunca llegó a grabarse.

Pero, ¿cuál sería el nombre a citar como heredero del estilo Jellyfish? La pregunta tiene difícil respuesta, dado que las características tan atípicas del estilo que practicaban complica sobremanera el encontrar posibles sucesores.

No obstante, voy a citar a dos. Uno sería el multiinstrumentista Josh Fix , músico afincado también en San Francisco, cuyo único larga duración “Free At Last” comparte bastantes elementos con la música de Jellyfish. Ha publicado también dos Ep´s.

Y el otro caso sería el de los británicos Jackdaw4, con tres discos publicados hasta ahora: “Gramophone Logic”, “Bipolar Diversions” y “The Eternal Struggle For Justice”, que también suenan por momentos a Jellyfish.

En definitiva, sólo he tratado de rendir un pequeño homenaje a una de las bandas que más me han hecho disfrutar en los últimos años, y que me  consta que tiene ahí fuera más seguidores que les echan de menos.

SHOES:la fábrica de melodías

Posted in power pop with tags , on diciembre 22, 2010 by israelmaster

La sensación es curiosa: uno descubre, por casualidad, una banda de la que no había oído hablar en su vida, aún siendo seguidor de otras del estilo, y casi instantáneamente se da cuenta de que está ante algo de tal calidad que no comprende cómo es posible no haber escuchado antes una sola de sus canciones, ni leído artículo alguno sobre el grupo, ni visto discos suyos.

Es una mezcla de euforia por el hallazgo y de desconcierto por el desconocimiento previo.

PRIMEROS AÑOS

Para encontrar el origen de Shoes hay que dirigir la mirada hacia la pequeña localidad de Zion, en Illinois. En ese entorno nacía, a mediados de la década de los ´70, una formación cuyo fin era el de crear melodías. Adictivas y pegadizas melodías inspiradas por su admiración por Raspberries, Badfinger o Big Star. A los cuales, en mi opinión, tenían poco que envidiar en el aspecto creativo (por no decir que, si tengo el día tonto, me atreveré a aseverar que incluso les superaron), pero otra cosa muy distinta sería  el éxito o el reconocimiento  logrado, que distaba mucho de ser el mismo.

Desde un primer momento, el cuarteto (formado por los hermanos John y Jeff Murphy, Gary Klebe y Skip Meyer ) tuvo claro que contarían con pocos medios, y fueron exprimiendo al máximo las posiblidades de sus propias casas y sus garajes como improvisados estudios en los que grabar su música con el rudimentario equipo de grabación que poseían.

Realizarían algunas grabaciones con tiradas muy limitadas y de modo casi artesanal (“Heads or Tails”,“One in Versailles” y “Bazooka”) antes de publicar el que podemos considerar su primer lanzamiento oficial, “Black Vinyl Shoes” (1977).

“Black Vinyl Shoes” (1977)

Black Vinyl Shoes fue inicialmente publicado por el sello discográfico que ellos mismos pusieron en marcha, llamado Black Vinyl Records, aunque posteriormente se llegase a un acuerdo con el sello PVC, que había mostrado gran interés en la música de Shoes, y se haría cargo de la distribución del álbum.

“Black Vinyl Shoes” contenía 15 canciones en las que se apreciaba la facilidad para crear melodías que tenía el grupo. El sonido no era todo lo bueno que cabría desear, pero en “Okay” o “Fire for a while” se atisbaba ya lo que podían ofrecer.

En mi opinión, habría sido preferible reducir el número de temas y pulir un poco más las composiciones.

El caso es que poco después recibirían una oferta del sello Elektra, que había oído hablar de ellos y les contrataría, unión esta que supondría entrar en una nueva dimensión para estos cuatro músicos, tanto a nivel de medios, como de producción, promoción y demás.

EL SELLO ELEKTRA ENTRA EN ESCENA

Cuentan que cuando se firmó el contrato con Elektra, la práctica totalidad de lo que iba a ser su nuevo álbum estaba ya concebida, y la grabación del mismo tendría lugar en Londres, contando con Mike Stone como productor.

No imagino lo que debió suponer el trabajar en un estudio moderno, y con todos los adelantos del momento para músicos acostumbrados a realizar las grabaciones ellos mismos.

El resultado llevaría por nombre “Present Tense”.

“Present tense” (1979)


Aquí se sublimaban las cualidades que apuntaban Shoes en sus caseras grabaciones. Es como si hubiesen puesto mayor énfasis en “redondear” cada canción, en dar una vuelta de tuerca más para intentar que fuesen perfectas.

Se grabarían cuatro videos para otros tantos temas del disco (que fueron grabados el mismo día, por cierto). Eran muy simples; tanto como que consistían básicamente en imágenes de la banda tocando, pero que hoy en día son de lo poco que nos ha quedado como video-clips “oficiales”.

“Present Tense” es disfrutable de principio a fin, aunque destacaría especialmente “Your Very Eyes”, como ejemplo de delicadeza hecha melodía o “In My Arms Again”, que deja patente que la electricidad tampoco está reñida con las armonías. ¡Vaya canción esta última! Muchos grupos con mayores niveles de éxito y popularidad no han escrito jamás  algo de este nivel ni en broma.

Aunque lo mejor del disco es “Three Times (See me, Say it, Listen)”, un tema dividido en tres partes, cada una escrita por uno de los músicos, (Skip Meyer, el batería, no componía) que están completamente enlazadas y conforman una sola pieza absolutamente maravillosa que justificaría, por sí sola la adquisición del álbum.

“Present Tense” no debería faltar en la colección de ningún seguidor de la buena música “pop con guitarras”, puesto que es uno de los más logrados, en conjunto, que se han publicado jamás en el estilo.

No obstante, la publicación del álbum no se tradujo en extensas giras de presentación del disco, que habría sido lo habitual en un caso como este, con el apoyo de un sello importante y aprovechando las buenas críticas que estaba recibiendo “Present Tense”. Pero Shoes era un grupo atípico en muchos sentidos, cuyos componentes disfrutaban más del trabajo de composición y grabación, buscando siempre la melodía definitiva, que de presentar su música en directo y ante un público.

“Tongue Twister” (1981)


El proceso creativo continuaba, y la siguiente entrega llevaría por nombre “Tongue Twister”(1981).

El estilo parecía consolidarse, y la aparente facilidad para dar forma a unas melodías que enganchaban a la primera escucha volvía a ponerse de manifiesto.

Si en “Only In My Sleep” los juegos vocals tienen un regustillo “sixties”, “Girls Of Today” directamente nos levanta del asiento, mientras que en “She Satisfies” dejan claro lo importante que es el “puente” que antecede al estribillo.

Y qué decir de “Karen”. Este tema habría encajado perfectamente en el “Rubber Soul” de los Beatles (hasta parece, por momentos, que es John Lennon el que canta).

“Boomerang” (1982)


Tercer y último trabajo con Elektra. Existe la opinión de que el sello les fichó en su momento con la idea de encontrar a los nuevos Cars, banda cuyo éxito reportó cuantiosos beneficios a la discográfica. Desde luego, si era eso lo que buscaban, es indiscutible que no lo lograron.

Pero el negocio es así, y por más que se dé la paradoja de que el talento de Shoes, en mi opinión, era claramente superior al de The Cars (grupo al que también admiro, dicho sea de paso), el mercado manda.

En lo musical, diré que “Boomerang” no está tan logrado como los dos discos que le precedieron. El sonido variaba ligeramente, con la incorporación de algún que otro teclado, como sucede en el tema “Tested Charms”, y parece apreciarse por primera vez algún corte de relleno, como “Bound to be a Reason”, que no me gusta nada.

Sin embargo, dan en el clavo una vez más con “Too Soon”, “Shake it Away” y, sobre todo, con “Curiosity” que es, sin lugar a dudas, una de las canciones con el estribillo más logrado que escribió este grupo.

Pero la andadura de Shoes con el sello Elektra llegó a su fin, con la evidente desilusión, que daría lugar, sin ir más lejos, al abandono del batería Skip Meyer, que no vio mucho más futuro para este proyecto musical.

VUELTA A LOS ORÍGENES

Tras el varapalo de ser invitados a dejar su discográfica, decidieron no rendirse, y optaron por volver a los tiempos de las grabaciones de tipo casero y la producción “artesanal”, aunque esta vez en un pequeño estudio que ellos mismos montaron.

“Silhouette” (1984)


Convertidos entonces en trío, y volviendo a ocuparse del proceso de grabación y producción (como antaño), presentaban doce nuevas canciones que conformaban un álbum algo heterogéneo, y con un creciente protagonismo de teclados varios que no siempre encajaban bien del todo en su sonido. Así, teníamos por un lado las poco inspiradas “Will You Spin For Me?” y “Bound To Fade”, algo machaconas y carentes de la vibración pop característica de anteriores grabaciones; y por otro, los títulos en los que la esencia de Shoes era mucho más apreciable, como “Get My Message”, “Turnaround” o “Running Wild”.

Recomiendo especialmente la edición Alemana de este disco, con el vinilo de color blanco.

“Stolen Wishes” (1989)


Cinco años entre dos lanzamientos puede considerarse una eternidad, aunque en ese intervalo sucedieron dos hechos salientables: la publicación de un recopilatorio, “Shoes Best” y el intento de ficharles por parte de…¡¡Gene Simmons!! Sí, el de Kiss.

Al parecer, Simmons estaba buscando grupos para su sello discográfico y estaba interesado en el potencial de Shoes, aunque las negociaciones nunca llegaron a fructificar puesto que el bajista de la teatral banda sugería algunos cambios en la música y en el concepto del trío. ¡Ah!, y también se dice que tenía intención de cambiarles el nombre.

El caso es que “Stolen Wishes” parece seguir una linea más uniforme que su predecesor, y a pesar de que el sonido había cambiado ligeramente, a mí se me asemeja más a lo que se mostraba en los tres trabajos con Elektra que al contenido de “Silhouette”.

A destacar “I Knew You´d Be Mine”(que no desentonaría, por ejemplo, en un disco de The Hollies), “Torn In Two”, “Untangled” o “Your Devotion”, un auténtico caramelo de melodía semiperfecta, por la que mataría más de un grupo que alcanzaría cierto estatus en la década de los ´90. Y no daré nombres.

Otra de esas gemas pop creadas por Gary Klebe, que es mi compositor favorito de los tres.

Con los años, “Stolen Wishes” se convertiría en el trabajo que más beneficios económicos reportaría al grupo.

“Propeller” (1994)


Otros cinco años para escuchar nuevas canciones. No me resulta fácil comentar este “Propeller”, supongo que es el álbum cuyo sonido me gusta menos de todo lo que grabaron, y en el que alcanzan niveles de decibelios pocas veces escuchados en sus obras anteriores.

Ahí tenemos los potentes guitarrazos de “Tore a Hole”, “Animal Attraction” o “Silence is Deadly”, que me descolocan un poco, aunque “Don´t Do This To Me”, “The Last Of You” y “Never Ending” nos devuelven las dosis de azúcar y almíbar a las que Shoes siempre nos han acostumbrado.

Aunque es mi “menos favorito”, también vuelvo a él de vez en cuando, cuando ya tengo “quemados” sus otros discos, y supone su última entrega hasta la fecha, excepción hecha del directo “Fret Buzz” y de la recopilación de demos “Double Exposure”. Pero ningún álbum en toda regla desde 1994.

Sí hubo algún trabajo de producción de discos de otras bandas como Material Issue (claramente influenciados por ellos), y algún lanzamiento en solitario de Jeff Murphy.

Nunca he tenido claro qué es lo que me lleva a dedicar mis blogs a uno u otro tema o grupo, aunque en este caso, yo diría que mi única intención es la de darle a conocer a alguien la existencia de Shoes (por cierto, no “THE” Shoes).

Porque una cosa es tener el estatus de grupo de culto, sólo conocido por una minoría que sigue un determinado estilo, y otra cosa es esto: que incluso los seguidores de este tipo de música pop con guitarras, power-pop o como se le quiera llamar, desconozcan la carrera de estos músicos (cosa que sucede con cierta frecuencia).

Me daría por satisfecho si algún lector de este texto se anima a pinchar más abajo, y escuchar alguno de los temas del grupo, porque tal vez se vea sorprendido por la incuestionable calidad de estas composiciones.

Yo creo que Shoes, como apunto más arriba, tenían muy poco que envidiar (y tal vez me quedo corto) a los grupos que les influenciaron, y conste que soy fan de Badfinger, Big Star, Raspberries, Ian Lloyd & Stories, etc.

Y, por cierto, si alguien se siente sorprendido por el hecho de que muestre tanto aprecio por este tipo de música, cuando habitualmente suelo situarme más cerca del Hard Rock o del Aor, le invitaría a acercarse a estas canciones sin prejuicios, simplemente dejándose llevar por las melodías.

La diversión está asegurada.

http://www.myspace.com/israelmaster

THE RASPBERRIES:NACIDOS UNA DÉCADA TARDE

Posted in power pop with tags , , on febrero 13, 2010 by israelmaster

Esta es la historia de una banda fuera de lugar, que se dio de bruces con la realidad de una industria musical que ya había visto nacer, evolucionar y desaparecer a The Beatles, y a una gran cantidad de grupos que fueron coetáneos de los de Liverpool cuya repercusión en la historia de la música fue obviamente menor. Atrás quedaba la juvenil evervescencia de The Searchers, Gerry and the Pacemakers, The Hollies, o tantos otros, englobados en lo que dio en llamarse sonido Merseybeat. Del mismo modo que se veían lejanas, de algún modo, las primeras creaciones de los Beach Boys, si nos referimos a los USA.

Justo en un momento en que los principales nombres del rock iban asociados al primigenio heavy metal, como Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple o al emergente rock sinfónico con representantes tan legendarios como Pink Floyd, Emerson, Lake & Palmer o Yes, aparece el debut discográfico de un grupo que, aparentemente, parecía encajar más en la década anterior.

Estamos en 1972, y se publica el debut de The Raspberries.

La banda se había formado en Cleveland, y consistía en un cuarteto formado por ex miembros de The Choir y Cyrus Erie: Dave Smalley, Jim Bonfanti, Wally Bryson y Eric Carmen, siendo éste último el verdadero alma mater del grupo.

Es curioso lo que la perspectiva que proporciona el paso del tiempo dificulta el imaginar el contexto en que este disco fue publicado.

El disco en cuestión contenía un verdadero aluvión de melodías y estribillos al más puro estilo de las bandas de la década anterior que tanto admiraban. Es como si mezclásemos en una coctelera un chorro de Beatles, unas pizcas de Who, y unas gotas de Small Faces, aderezadas ocasionalmente con alguna balada al piano, con Eric Carmen a la voz, cuyo estilo tendía a un cierto falsete en ocasiones (¿alguien ha mencionado a los Beach Boys?).

Uno de los títulos más destacables de este debut es precisamente el que abre el disco: “Go All The Way”, uno de los temas que más han perdurado dentro de su corta discografía y que, utilizando terminología de hoy en día, calificaríamos de canción “power pop”. La canción representa a la perfección la vertiente más pop de los Raspberries.

Todos los componentes aportan composiciones, a excepción de Jim Bonfanti, si bien, en mi opinión, destacan las de Eric Carmen, que ya daba muestras de su querencia por las baladas como comprobamos en “I Saw The Light”.

Las primeras copias del álbum incluían una pegatina en su portada que, al rascarla, despedía olor a frambuesa. Son muy cotizadas por los coleccionistas discográficos hoy en día.

Por tanto, constituían, de algún modo un cierto anacronismo. Iban contracorriente, a la vista del estilo de las bandas que estaban en lo más alto en ese momento. Nadie parecía ya a esas alturas interesado en melodías saltarinas y estribillos juguetones interpretados por un grupo cuyos componentes solían actuar con trajes a juego y con un vocalista con tendencia al falsete.
De alguna manera, estaban en una situación parecida a la de Badfinger, Big Star, o incluso los Stories de Ian Lloyd. Es como si hubiesen llegado una década tarde y, a pesar del incontestable talento que atesoraban todos ellos, no recibieron en su momento el reconocimiento que merecían. Si bien es cierto que el caso de Badfinger fue algo diferente, ya que su cruz fue que el relativo éxito que tuvieron se vio ensombrecido por problemas contractuales y con su discográfica.

Pocos meses después de su debut, publicaron el que pasa por ser su mejor trabajo: “Fresh”, que nos dejaría joyas como “I Wanna Be With You” o la balada, marca de la casa, escrita por Eric Carmen “Let..s Pretend”. “Fresh” se disfruta de principio a fin, y según mi criterio, es uno de los mejores discos grabados jamás en este estilo. ¡Fantástico!.

Sin embargo, su tercera entrega, en 1973, titulada “Side 3” supondría un cierto cambio de estilo. Todavía se apreciaba el regusto melódico en “Tonight” o en “On The Beach” por poner dos ejemplos, pero la banda buscaba un sonido más cercano al rock, como mostraban en “I..m a Rocker”.

El disco contiene, en mi opinión, la mejor composición de Dave Smalley con los Raspberries, “It..s Hard To Get Over a Heartbreak”.

También es reseñable la carpeta del disco, que en su parte superior (me refiero, claro está, a la edición original en vinilo) estaba recortada perfilando la forma del montón de frambuesas.

Tras este “Side 3”, Jim Bonfanti y Dave Smalley anunciaron su marcha del grupo.

Con la incorporación de Scott McCarl y Michael McBride sustituyendo a los mencionados, la banda editó el que, a la postre sería su último trabajo (exceptuando recopilatorios y discos en directo), titulado “Starting Over” (1974).

Tal como se apuntaba en “Side 3”, el alejamiento de las iniciales sonoridades pop es ya una realidad. Si bien “Play on”, y “I Don..t Know What I Want” (en la que recuerdan sobremanera a The Who) traen a la mente su estilo habitual.

Hoy día, el disco está considerado como un magistral canto de cisne para la banda, siendo valorado por parte de la crítica como su mejor trabajo, globalmente.

Yo no lo veo así. Me parece un buen disco, aunque es el “menos Raspberries” de los cuatro. No dudo que tratasen de demostrar que podían sonar enérgicos si se lo proponían. Tal vez lo consiguiesen con “Starting Over”, tampoco niego esto. Pero a mí, canciones como “All Through the Night” me suenan extrañas, como forzadas. Con el tiempo, creo haber llegado a apreciar este trabajo en su justa medida, pero siempre que lo escucho tengo la sensación de que parte de la magia había desaparecido.

Cada uno de los componentes siguió ligado al mundo de la música, si bien el único que lograría algún éxito importante fue Eric Carmen, con titulos como “All by Myself” o “Hungry Eyes”, que se incluyó en la banda sonora de la popular película Dirty Dancing.
En noviembre de 2004, y con motivo de la inauguración de la sala de conciertos House of Blues de Cleveland, Raspberries se reunieron, tras 30 años sin tocar juntos, para ofrecer un concierto cuyas entradas se vendieron en menos de diez minutos.

La respuesta del público fue tal, que se animaron a dar varios conciertos más. Uno de ellos fue grabado y editado en cd con dvd hace un par de años, en el que se incluía un prefacio escrito por Bruce Springsteen, reconocido admirador del grupo.
Raspberries tuvieron una existencia efímera (algo más de dos años), aunque prolífica (cuatro discos). Pero su influencia en bandas formadas en décadas posteriores es reconocida hoy día.

El grupo nació con la intención de recuperar las canciones cortas de melodías pegadizas que, según su opinión, eran la esencia del rock..n..roll, en un momento en el que eso no era precisamente lo más popular.
Tenían el don de transmitir una especie de inocente alegría que contrastaba con los estilos musicales en boga en la época, cuyas propuestas presentaban unas características bien distintas.
Por lo que a mí respecta, hace años que recurro a ellos cuando necesito que en mi cara se dibuje una sonrisa.

Y les estoy muy agradecido por la ayuda que me prestan para ello.

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