Archivos para marzo, 2011

JELLYFISH. La vida a todo color

Posted in power pop with tags , , on marzo 8, 2011 by israelmaster

Todos los aficionados a la música tenemos nuestros favoritos. En algunos casos, como en el de quien suscribe, la amplia variedad de estilos permite que se pueda ser fan, al mismo tiempo, de bandas aparentemente en las antípodas unas de otras.

Pero creo estar en lo cierto al afirmar que uno siempre tiene ese pequeño abanico de nombres por los que siente algo especial, que le llevan a leer con atención cualquier noticia relacionada con ellos, a seguir grupos que les citen como influencia y, en definitiva, a volver una y otra vez a sus discos cada cierto tiempo.

Jellyfish es una de mis debilidades. Una banda de corta existencia en lo que a discografía se refiere, pero con una calidad que siempre me ha transmitido la sensación de que lo mejor de sí mismos estaba todavía por llegar cuando se separaron tras sólo dos discos.

Uno de los elementos que les hacía especiales era el crisol de influencias que conformaba su música, pudiendo apreciarse desde armonías vocales dignas de los Beach Boys más inspirados, hasta ecos de pop psicodélico, pasando por melodías de clara inspiración Beatle e incluso jugando por momentos a incorporar sonoridades que traían a la mente a los Queen de los ´70, a Supertramp, a 10cc…

Y el resultado de todo eso, lejos de asemejarse a un caos sin pies ni cabeza, no era otra cosa que un buen puñado de estupendas canciones con trabajadas melodías y arreglos. Acompañado todo ello de una colorista puesta en escena, con atuendos extraordinariamente llamativos.

“BELLYBUTTON” (1990)

“Bellybutton” presenta en sociedad a este grupo de San Francisco, formado por Jason Falkner, Roger Joseph Manning Jr., Chris Manning y Andy Sturmer. Y aunque el comienzo despista un poco con el ritmo lento de “The Man I Used To Be”, enseguida empiezan a mostrar sus cartas, con el mediotiempo “That Is Why”, que no hace sino prepararnos para el primer cañonazo, que lleva por título “The King Is Half-Undressed”, ante la que uno se pregunta si no podría pasar perfectamente por una canción de Redd Kross, y que sería lanzado como single, acompañada de un simpático video. Uno de los mejores temas del álbum, con excelentes armonías vocales cuando se produce el cambio de ritmo. “I Wanna Stay Home” hace las veces de balada, con un ritmo tranquilo marcado por la guitarra acústica, al tiempo que “She Still Loves Him” (que quiere hacernos caer en la trampa con su comienzo con notas de piano) nos recuerda que, como dije algo más arriba, The Beatles son un referente para Jellyfish, especialmente los de la segunda mitad de los ´60. Es que esta canción suena a “White Album” de modo indisimulado.

Volvemos a ganar velocidad con “All I Want Is Everything”, que supone el mayor despliegue de energía del disco, para enlazar con la alegre “Now She Knows She´s Wrong” y nos deleitamos después con el cadencioso y levemente psicodélico ritmo de “Bedspring Kiss”, una nueva muestra de la riqueza del sonido del grupo. Cada vez que escucho este tema descubro un matiz nuevo.

Y casi para el final dejan “Baby´s Coming Back”, pegadiza hasta decir basta, e irresistíblemente poppy, para la que se rodaría otro simpático y colorista videoclip. Este excelente debut discográfico lo cierra “Calling Sarah”, en la que apreciamos alguna reminiscencia de los Beach Boys, entre otra amalgama de sonoridades con la que estos músicos aderazaban sus canciones. ¿Se podía pedir más?

“SPILT MILK” (1993)

Pues sí, se podía pedir más, como dejaba claro “Spilt Milk”. Aquí, encontramos más o menos las mismas influencias que en su primer trabajo, pero se incorporan muchas otras. Por aquél entonces, Jason Falkner y Chris Manning habían dejado el grupo, incorporándose Tim Smith.

La inmensamente bella “Hush”, con unos juegos de voces que traen a la mente tanto a Queen como a los Beach Boys es una especie de nana que nos invita a cerrar los ojos y a tener felices sueños, para acto seguido encarar “Joining a Fan Club”, que suena a glam, a hard rock, y a Dios sabe qué más. Tras esto, llegamos a mi canción favorita de Jellyfish: “Sebrina, Paste and Plato”. Esto es una locura con sonidos de tiovivo, ambiente circense por momentos, voces de niños jugando…pero la estructura de la canción en sí, con sus melodías y sus distintas armonías sucediéndose con aparente facilidad me parece genial. Supongo que aquél que no tenga especial aprecio por este tipo de pop tan colorista no tendrá la misma opinión, pero yo disfruto con esta música (entre otros muchos estilos, como siempre trato de dejar claro).

“New Mistake” es una canción más “normal”, en la que creo apreciar algún eco de Supertramp en incluso la E.L.O., que nos lleva a la balada-medio tiempo “The Glutton Of Sympathy” que es el tema con arreglos más sencillos del disco, probablemente. “The Ghost At Number One”, por su parte, fue otro de los temas lanzados como single, y tiene aroma sixties, con unos coros magníficos hacia la mitad del tema (el espíritu Brian Wilson de nuevo presente), cuando éste parece detenerse.

“Bye, Bye, Bye” es una compota de sonidos de lo más variado que podría encajar en el “Sgt. Peppers” que viene seguida de “All Is Forgiven” en la que vuelven a hacernos recordar a los Queen clásicos. Canción potente, sin duda.

Y la calma regresa con otra joya bajo el título de “Russian Hill”, precioso tema con lograda y bucólica atmósfera cuyo ritmo lo marca la guitarra acústica sin que aparezca la batería prácticamente en toda la canción.

“He´s My Best Friend” no deja de recordarme en algún momento a la vertiente más pop de la psicodelia de los ´60, mientras que “Too Much Too Little Too Late” es un medio tiempo muy logrado que lleva directamente al cierre del álbum, “Brighter Day”, cuyo ritmo lento y pesado esconde un enorme abanico de melodías, texturas e instrumentación a lo largo de toda la canción.

“Spilt Milk” superaba claramente a su predecesor, con una riqueza de matices, sonoridades y atmósferas que hacen lamentar enormemente el hecho de que la banda se separase y esta maravillosa rareza llamada Jellyfish dejase de existir tras grabar este magistral álbum.

Tan sólo alguna recopilación y una caja que contiene algunas canciones inacabadas se publicarían posteriormente.

LA HUELLA DE JELLYFISH

Para empezar a buscar la estela de este grupo, creo que lo mejor es comenzar por los trabajos en solitario de sus componentes. Por un lado, puedo recomendar, sobre todo “Solid State Warrior” y “Catnip Dynamite”, de Roger Joseph Manning Jr., que conservan parte del sonido que tenía la banda.

Como también son disfrutables los de Jason Falkner: “Presents Author Unknown”, “Can You Still Feel?” y “All Quiet On The Noise Floor”, entre otros. Quizá no tengan ese puntito de locura de la música de Manning, pero hay excelentes canciones en ellos.

También quiero mencionar, de los múltiples proyectos en los que ha estado involucrado Manning, a Imperial Drag, banda que formó junto a Eric Dover, y en cuyo único disco se supone que se incluyeron canciones que estaban destinadas a aparecer en el tercer álbum de Jellyfish, que nunca llegó a grabarse.

Pero, ¿cuál sería el nombre a citar como heredero del estilo Jellyfish? La pregunta tiene difícil respuesta, dado que las características tan atípicas del estilo que practicaban complica sobremanera el encontrar posibles sucesores.

No obstante, voy a citar a dos. Uno sería el multiinstrumentista Josh Fix , músico afincado también en San Francisco, cuyo único larga duración “Free At Last” comparte bastantes elementos con la música de Jellyfish. Ha publicado también dos Ep´s.

Y el otro caso sería el de los británicos Jackdaw4, con tres discos publicados hasta ahora: “Gramophone Logic”, “Bipolar Diversions” y “The Eternal Struggle For Justice”, que también suenan por momentos a Jellyfish.

En definitiva, sólo he tratado de rendir un pequeño homenaje a una de las bandas que más me han hecho disfrutar en los últimos años, y que me  consta que tiene ahí fuera más seguidores que les echan de menos.

IT BITES. Sinfonismo pop

Posted in Progresivo with tags , , on marzo 2, 2011 by israelmaster

Este es uno de esos grupos difíciles de clasificar, por estar a medio camino de varias cosas, y más cercanos a unas que a otras según el álbum, moviéndose entre un estilo pop un tanto sofisticado en sus comienzos, para mostrar al mundo sus influencias de bandas clásicas del rock progresivo posteriormente, y más adelante hacerse un hueco entre los seguidores del hard rock. Y todo ello en un lapso de tres años. Difícilmente se puede cambiar más veces en menos tiempo.

Tal vez, alguno de los golpes de timón que dieron en su carrera ayudó poco a definir exactamente cuál era su público potencial, aunque a mí me parece que la valía de su propuesta se ha ido apreciando más con los años. Es más, he llegado a la conclusión de que su música se disfruta mucho más si uno se acerca a ella sin ideas preconcebidas, como me sucedió a mí en su momento. Simplemente me interesé por It Bites porque en una reseña que leí en una revista, se hablaba del peculiar estilo al tocar la guitarra de su vocalista Francis Dunnery.

No sabía lo que me iba a encontrar, y justamente esa falta de referencias previas evitó un inicial rechazo por mi parte al considerar que mis expectativas respecto al grupo no se veían satisfechas.

“THE BIG LAD IN THE WINDMILL” (1986)

La suerte llamó a su puerta cuando en 1986 fueron fichados por Virgin para grabar su primer álbum, tras haber estado dos años viviendo en Londres, dedicándose a tocar y desarrollarse como músicos, como han comentado en alguna entrevista. El cuarteto estaba formado por Bob Dalton a la batería, Dick Nolan al bajo, John Beck a los teclados y Francis Dunnery a la guitarra y como vocalista.

Como solía ser costumbre a mediados de los ´80, se realizaron una serie de video-clips para acompañar a los singles que se editaban con canciones del álbum. Y uno de esos singles, “Calling all the Heroes” pareció abrir un interesante camino para ellos, ya que fue un tema muy radiado en la época.

Efectivamente, se trataba de una canción pegadiza, con una atractiva melodía y un buen estribillo, con unos interesantes arreglos de voces y un sonido en el que predominaban los teclados. Sin embargo, en este álbum había algún elemento un tanto atípico para lo que se suponía que debía ser un grupo de estas características. Por aquí  y por allá aparece algún solo de guitarra a toda velocidad, o algún cambio de ritmo en la canción, dando lugar a un breve pasaje instrumental. Corto, pero que perfectamente podría no estar ahí si no fuese por la aparente intención del grupo de dejar patente su destreza con sus instrumentos, como sucede en “Screaming On The Beaches” (uno de mis temas favoritos de este debut) o en “Turn Me Loose” en la que Dunnery da rienda suelta a sus ganas de recorrer el mástil de su guitarra como si de un músico de hard rock se tratara, como queriendo romper el corsé de lo que debería ser la estructura de una canción pop.

Aún así, todo esto apenas hacia intuir lo que vendría después.

“ONCE AROUND THE WORLD” (1988)

De entrada, ya hay algo que llama la atención incluso antes de escuchar este segundo trabajo, y que nos da una pista de que nos encontraremos algo diferente al primero. El tema-título, tiene una duración cercana a los ¡quince minutos!, y otro, concretamente “The Old Man And The Angel”, se va por encima de los nueve.

It Bites decidían dar un paso más con este “Once Around The World” hacia el rock progresivo. Aunque el tono general no es radicalmente diferente al de “The Big Lad…”, sí notamos que esa cierta inmediatez y alegría pop no se aprecia aquí de la misma manera. Aparte de los dos temas citados más arriba, “Yellow Christian” sería otro claro ejemplo de la tendencia al sinfonismo, apreciándose por primera vez, según mi opinión, alguna pincelada de Genesis (debilidad reconocida de Francis Dunnery). En Virgin, sin embargo, no estaban particularmente entusiasmados por esta vuelta de tuerca estilística, e hicieron lo posible por que grabaran algún tema que pudiera tener gancho como single. “Kiss Like Judas” encajaba en ese esquema, como también sucedía con “Midnight”.

Aunque creo que lo más destacable es el extenso tema-título, con su estructura y desarrollo divididos en multitud de pasajes, melodías y sonoridades.

En esta grabación Francis Dunnery utilizó por primera vez un instrumento cuya invención se le atribuye, llamado Tapboard. Era una especie de guitarra que se tocaba colocándola en posición horizontal y golpeando las cuerdas con los dedos rápidamente. Permitía conseguir un efecto similar al de una guitarra convencional emitiendo notas a gran velocidad.

Este “Once Around The World” me parece superior a su predecesor, independientemente de la diferencia de concepto entre ambos. Aprecio mayor riqueza en la composición y también a nivel instrumental, que podrían consolidar el estilo que It Bites querían seguir a partir de ese momento. Pero este grupo era cualquier cosa menos predecible.

“EAT ME IN ST. LOUIS” (1989)

Tercer álbum, y de nuevo se reinventan, acercándose al hard rock y dejando a un lado los devaneos progresivos de su anterior disco. No creo que sea un mal trabajo, para nada, aunque me gusta menos que los otros dos.

Hay muy buenas canciones aquí, como “Underneath Your Pillow” que no creo que desentonase del todo en “Once Around The World”, o “The Ice Melts Into Water”, que puede ser perfectamente el único rastro de ese incipiente sinfonismo que parecían haber querido abrazar. Gran tema con una lograda atmósfera y, tal vez, la mejor interpretación vocal de todo el disco. La canción que terminó siendo un single de cierto éxito, en este caso, sería “Still Too Young To Remember”. También podríamos destacar “Sister Sarah”, que fue otro de los temas que se lanzó como single. Resulta llamativo que encargasen el diseño de la cubierta del álbum a Roger Dean, diseñador habitual de las carpetas de Yes, el cual, no acabo de tener claro que hiciese en este caso una buena labor.

Debo insistir en que es un buen trabajo, aunque no me llene tanto como los dos anteriores. Sea como fuere, al año siguiente, It Bites anunciaron su disolución como grupo.

Efectivamente, tras “Eat Me In St. Louis”, tan sólo se publicaría el directo “Thank You And Goodnight”. Y la historia de It Bites se terminó…¿o no?

“THE TALL SHIPS” (2008)

Tras un intento de reunión de la formación original en 2006 que no acabó de cuajar en forma de nuevas grabaciones, en 2008 se publica “The Tall Ships”, regreso oficial de It Bites tras casi 20 años.  Las tareas vocales corrían a cargo de John Mitchell que había tocado para bandas como Kino o Arena, mientras que el resto del grupo lo formaban los miembros originales John Beck y Bob Dalton y el recién incorporado Lee Pomeroy.

La pregunta que uno se hace al conocer la noticia es de suponer: ¿a qué va a sonar esto? ¿Cuál de las caras de esta poliédrica formación es la que se nos mostrará en esta ocasión?

Difícil de explicar. Tal como yo lo veo, este disco tiene más que ver con “Once Around The World” que con los otros, dado que el hard rock brilla por su ausencia y el desenfado pop también. Sin embargo, se aprecia, en general, una sensación de estar escuchando por momentos algo parecido al rock melódico, a lo que creo que ayuda el registro vocal de John Mitchell, que suena suave y cálido, alcanzando momentos de gran belleza, como sucede en “For Safekeeping” y en “Playground”. Tenemos por otro lado la mayor complejidad de “Oh My God”, “Ghosts” y “Lights”, de gran riqueza en matices, aunque las dos joyas absolutas de este “The Tall Ships” son las dos piezas más extensas, “The Wind That Shakes The Bareley” y “This Is England”. El comienzo de ésta última me suena a los Genesis de la época de Peter Gabriel, y tras esa quietud, comienza el aluvión de distintos pasajes, ambientes y texturas. Y en cuanto a la otra, simplemente diré que me parece magistral.

It Bites es un grupo muy especial, cuya música merece ser descubierta y disfrutada por lo que es en sí misma, más allá de valoraciones distorsionadas por el hecho de tratar de englobarla en éste o aquél estilo.

Si se escucha con atención cualquiera de sus discos, se podrán descubrir multitud de matices que conforman una obra corta, pero con una gran riqueza musical.