Archivo para febrero, 2010

VINILO-CD: MI ENFOQUE PERSONAL

Posted in Varios on febrero 21, 2010 by israelmaster

Nunca me he posicionado de un modo rotundo al respecto. Más bien, he tendido a mantenerme en una cómoda situación intermedia.

Pero a raíz de las noticias aparecidas en los últimos días en diversos medios, en relación a las cifras de ventas de discos en España en 2009, no puedo evitar expresar mi opinión.

Si hay alguna conclusión clara que puede extraerse de los datos que se han difundido, es que la venta de música en formato físico continúa en caída libre, siguiendo la tendencia de los últimos años pero, por otro lado, sorprende el dato referente a la venta de discos de vinilo que, contrariamente a toda lógica (o tal vez no), ha experimentado un apreciable incremento.

Esto ha traído de nuevo a la palestra ese sobado debate vinilo-cd sobre el que tantas opiniones se han dado ya.

Por lo que a mí respecta, jamás pretenderé exponer argumentos a favor o en contra de uno u otro formato apoyándome en datos técnicos. Esas elaboradas teorías que argumentan que el cd no es capaz de registrar las ondas de sonido con la calidad de una grabación analógica, o esas otras que tratan de demostrar que eso no es cierto, y que una grabación digital correctamente realizada puede superar en calidad a la registrada en un disco de vinilo se encuadran, a mi entender, en el ámbito de la ciencia.

Yo no soy científico, ni he estudiado nada relacionado con el sonido. Pero llevo casi toda mi vida comprando música, y creo poder exponer y argumentar mi preferencia sin recurrir a la ciencia. Después de todo, “It´s only Rock´N´Roll”, ¿no?

Empezaré por hacer mención a mis hábitos de compra. Casi indefectiblemente, todos los nuevos lanzamientos que adquiero están en formato de cd. Rara vez me decanto por la edición en vinilo. Es cierto que en los últimos años cada vez es más frecuente dar con grupos que publican una pequeña tirada en vinilo de un nuevo álbum, pero no logran atraerme.

Puede haber algún caso aislado, como sucede con el último de los Black Crowes, “Before the Frost” para el que, ante la disyuntiva de adquirir el cd, en el cual se incluía una contraseña para descargarse de internet el otro cd (es un álbum doble) y adquirir la edición en doble vinilo blanco con todas las canciones…pues me decanté por el doble vinilo blanco.

Alguna norma existente en mi cerebro indica que todo disco publicado desde 1990 que compre debe estar en formato cd aunque exista la edición en vinilo.

Pero la cosa cambia cuando se trata de un álbum “clásico” (vamos a considerar clásico todo lo aparecido antes de 1990, a efectos de este blog).

Ahí sí que me lanzo de cabeza a por el vinilo. En alguna ocasión he adquirido alguna reedición en cd de algún título clásico, por aquello de que se incluía algún tema extra y demás, pero la sensación no es la misma que la de poder hacerme con la edición original en vinilo.

No sabría explicar el porqué, pero el vinilo tiene “algo”. Es como si al cogerlo y ponerlo sobre el giradiscos, y dejar caer la aguja sobre los surcos sintiera que estoy inmerso en una especie de viaje a otra época.

Seguidamente, comentaré alguna de las afirmaciones más habituales cuando se plantea la comparación entre ambos formatos:

A favor del cd:

1-Mayor resistencia y durabilidad

Es un buen argumento. Por propia experiencia considero que la afirmación es correcta, ya que el hecho de que la información sea leída con un láser evita que se produzca un desgaste de la superficie del disco. Asimismo, el soporte digital tiende a resistir mejor los pequeños impactos.

2-Más manejable y práctico

Efectivamente, las reducidas dimensiones del disco compacto permiten su uso en el coche, o con el ordenador, o con un reproductor portátil tipo discman. El peso y el tamaño son un punto claramente favorable a este soporte. No obstante, en este apartado habría un formato aún más manejable: los archivos mp3 grabados en una tarjeta de memoria o un ipod.

Por otro lado, este tipo de soporte posibilita la inclusión de archivos multimedia además de la música en sí misma. No es extraño encontrarse con cd´s que incluyen un video clip o algún tipo de aplicación para acceder a una página web desde la cual se pueden descargar contenidos exclusivos.

A favor del vinilo:

1.-Mayor sensación de “calidez”

De acuerdo, esta afirmación no podría ser más subjetiva y menos demostrable de manera fehaciente.

Sin embargo, yo comparto al 100% esta idea. La fisicidad del vinilo transmite una sensación más intensa que la del soporte digital.

El propio disco es menos frío al tacto. Y puedes verlo girar, y contemplar la aguja deslizándose incansable por sus surcos. No existe (al menos, no habitualmente) un display que indica los minutos y los segundos. Incluso las cubiertas de cartulina tienen un olor característico.

Y no, no me molesta el típico sonido de “huevos friéndose” en los silencios (que no son tales) entre canción y canción. Al contrario, me gusta. A mí siempre me ha recordado más al crepitar de la leña en una hoguera.

2-Diseño de las cubiertas

Esto sí que es difícilmente discutible. El tamaño de las portadas deja al diminuto cd en clara desventaja a la hora de presentar el diseño gráfico del álbum en cuestión.

Para mí las portadas siempre han sido un elemento más de la obra, como he dicho varias veces en distintos blogs, y forman parte de la experiencia de escuchar la música. Me gusta escuchar los discos con la cubierta en la mano y lograr que la sensación que me transmite la música se acompañe de la sensación visual de la portada.

Nunca entenderé a toda esta gente que descarga de internet cientos de discos que luego almacena en un mosaico interminable de carpetas en su ordenador o su ipod.

De hecho, he observado en más de una ocasión que la persona que tiende a almacenar cantidades ingentes de discos en mp3 tiene dificultades para identificar una canción con el disco en el que ésta se incluía originalmente. Y eso no es lo peor. Lo peor es que no parece importarles.

A mí si me importa saber ese tipo de cosas, porque me gusta seguir la evolución de una banda disco a disco. Y ser capaz de distinguir determinados giros estilísticos según la época, y saber quién tocaba en cada álbum, etc., etc.

Me gustan ambos formatos, lo reconozco. Y me cuesta mucho decantarme por uno de ellos.

Sin embargo, y en honor a la verdad, tengo que decir que las sensaciones que he vivido comprando y escuchando discos de vinilo superan a las que he obtenido de los cd´s.

No acepto que me digan que este formato sólo sobrevive por los nostálgicos.

No vivo anclado en el pasado, en lo que a música se refiere. Continuamente compro discos recién publicados, y trato de descubrir bandas nuevas, de ahí que sea lector asiduo de revistas, y lea blogs dedicados a nuevas propuestas musicales, y acuda a conciertos. Porque tengo interés en seguir descubriendo cosas.

Pero sentarme a escuchar un disco de vinilo de los años cincuenta o sesenta en edición original (tengo alguno grabado en Mono) es como recrear la escena para la que fue concebida la obra grabada en ese negro pedazo de plástico.

Es como un ritual. Como realizar la escucha en las condiciones previstas inicialmente.

No me importa que el sonido no sea perfecto, y que las sucesivas escuchas provoquen un desgaste que afecte paulatinamente a la calidad del sonido.

Es más, no me gusta comprar reediciones remasterizadas de discos clásicos. Prefiero escuchar las grabaciones originales, aunque las nuevas eliminen ruidos y potencien y “limpien” el sonido. Me quedo con el sonido original, porque es más natural. Alterar eso es como pasar una fotografía por el photoshop. Sólo sirve para modificar artificialmente la realidad.

En conclusión, por lo que se refiere a la dicotomía vinilo-cd, reconozco cualidades a ambos formatos, si bien siempre he sentido algo mucho más especial por el vinilo, lo cual no responde a un argumento demostrable tecnológicamente. Ni falta que hace.

No sé cuanto tiempo durará este renacer del disco de vinilo, tal vez sólo sea algún tipo de moda pasajera. En realidad, no me importa demasiado.

Por mi parte, pienso seguir comprándolos.

www.myspace.com/israelmaster

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¿EL SIGNO DE LA BESTIA?

Posted in Varios with tags on febrero 16, 2010 by israelmaster

¿Cuál es su origen? ¿Qué significado se esconde tras este signo?

¿Es una invocación al diablo o algún tipo de símbolo místico?
No hay una única respuesta posible para este enigma, pero tras haber estudiado la cuestión desde hace tiempo, y haber leído multitud de teorías al respecto, quiero dar mi opinión sobre ello.
El gesto de alzar el brazo y extender los dedos índice y meñique es, hoy día, aceptado comúnmente como una especie de saludo “heavy”. Raro es el concierto en el que uno no observe en todo momento, entre el público, a varias personas haciendo el gesto con reiteración, y con especial énfasis cuando se produce el solo de guitarra de turno.
De hecho, se ha extendido hasta tal punto, que no es difícil observar a alguien realizar el signo de los “cuernos” incluso en conciertos en los que la música dista bastante del rock.
Entre las teorías que gozan de mayor aceptación se encuentra la que afirma que, simplemente, representa al diablo, con la idea de relacionarlo con la música heavy, dando a entender una supuesta conexión entre ambos.
Pero esto no es exactamente así y, para apoyar mi explicación, retrocederé en el tiempo unas cuantas décadas.

En 1980, Black Sabbath, creadores y paradigma abslouto del heavy metal, afrontaban lo que suponía una nueva y a priori difícil etapa en su carrera, al publicar “Heaven and Hell”, para cuya labor de vocalista habían incorporado a Ronnie James Dio, que sustituía al aparentemente insustituible Ozzy Osbourne.
Sin entrar a valorar las diferentes características de ambos cantantes (lo cual haré en otra ocasión) lo cierto es que, durante la gira de presentación del álbum, Dio fue visto en varios conciertos realizando el mencionado gesto de los “cuernos”, el cual, progresivamente, iba siendo repetido por las personas del público, hasta el extremo de llegar a convertirse en algo habitual durante los shows del grupo.

A lo largo de los años, Ozzy ha afirmado que el gesto lo inventó él, limitándose Dio a copiarlo.
Lo cierto es que, tras observar numerosas fotografías de conciertos de Black Sabbath correspondientes a la época de Ozzy se aprecia que, efectivamente, él realizaba un signo con los dedos, pero se trataba del signo de la paz, con los dedos en forma de V, y no del signo de la mano cornuda. La portada del álbum “Vol.4” sirve para comprobarlo.

Pero no fue Ozzy el único que reclamó la “paternidad” del signo. Gene Simmons, bajista y cantante de Kiss también ha defendido en multitud de ocasiones que fue él el primero en utilizarlo, aportando como principal prueba de su afirmación la portada del disco “Love Gun”, de 1977.

En la portada del disco se aprecia que, efectivamente, la mano izquierda de Simmons adopta la forma en cuestión.

No obstante, hay también dos teorías que parecen quitarle la razón: la primera tiene que ver con su afición a los comics: ¿acaso no solía hacer un gesto similar Spiderman para lanzar su telaraña?

La segunda teoría sostiene que, por aquellos años, Simmons asistió a un concierto de Sister (banda de Blackie Lawless anterior a WASP, que también contaba con Nikki Sixx, a la postre miembro de Motley Crue) siguiendo el consejo de su compañero en Kiss Ace Frehley, y vio a Lawless alzar la “mano cornuda”. Lawless indicaría tiempo después que hacía ese gesto por haberlo visto en un libro sobre ocultismo que había caído en sus manos, y también afirma que Gene Simmons, efectivamente, le copió la idea, según declaró en una entrevista que hizo para la revista Circus en 1985.

Por tanto, sea como fuere, Simmons tampoco habría sido el primero.

Pero, ¿es posible encontrar algún precente todavía más atrás en el tiempo?. Pues sí.

Año 1969. Se publica el álbum “Yellow Submarine”, de The Beatles, que contenía las canciones de la película de animación del mismo título. En la portada del disco se puede ver el dibujo animado que representa a John Lennon…¡haciendo el gesto de los cuernos!

¿Serán ciertas, finalmente, las teorías sobre las conexiones satánicas de los Beatles? ¿Tendrá esa imagen algo que ver con la leyenda de que Paul McCartney murió y fue reemplazado por un doble, siendo este gesto del dibujo animado de Lennon otro guiño más de la banda de Liverpool relaciondado con esto?

Según la información que he revisado, la explicación es bastante más simple.

Al parecer, los “cuernos” de Lennon son el resultado de un error del dibujante, cuya intención era la de representar la palabra “amor” en lenguaje de signos, pero olvidó dibujar un tercer dedo extendido, para dibujar el signo correctamente.

Donde no existe posibilidad de equívoco, por el contrario, es con otra portada, o mejor dicho, contraportada, correspondiente a otro disco que también se publicó en 1969.

La banda era de Chicago, y se llamaba Coven. Practicaba rock de tintes psicodélicos. Tenían fama de ser seguidores de la magia negra, y eso se plasmó en la mencionada contraportada de su disco “Witchcraft Destroys Minds and Reaps Souls”, el cual mostraba a sus componentes realizando el gesto de los cuernos. Hoy día esta imagen está considerada como la primera en la que ese gesto aparece relacionado con la música rock.

Pero, una vez determinado el origen, ¿qué hay de su significado?

La versión que ha dado siempre Ronnie James Dio es la que más me convence. Según él explicó en la película-documental de Sam Dunn “Metal: A Headbanger..s Journey”, el gesto lo aprendió de su abuela, de origen italiano. Ella solía utilizarlo cuando quería ahuyentar el mal de ojo. De acuerdo con esto no se realizaría, según el propio Dio indica en esa entrevista, así como en otras muchas que ha hecho a lo largo de su carrera, con la idea de invocar al diablo, sino para contrarrestar el “mallochio”, en italiano.

Yo me inclino, tras todo lo expuesto, por considerar que Dio es el verdadero artífice de que el gesto se generalizase, si bien los precedentes que comento (a excepción del caso de los Beatles) están legitimados para reclamar el crédito que efectivamente les corresponde también, en su justa medida. Hay que tener en cuanta que no siempre el pionero es el que consigue que una idea cuaje. Del mismo modo que el Rock and Roll no nació con Elvis, aunque fuera él quien lo popularizase (ahí estaba ya Bill Haley y sus Comets antes del fenómeno Elvis).

Sea como fuere, lo cierto es que se ha convertido en el símbolo “heavy” por excelencia y he de reconocer que, en los años que llevo viéndolo, todo aquél que lo hace trata de comunicar algo positivo a otro: sea el público a la banda que está sobre el escenario o sean, simplemente, dos amigos que se saludan con el gesto de los “cuernos” cuando se encuentran, especialmente, en la entrada de los conciertos.
¿No viene a ser, en definitiva, como una especie de primitivo código reconocido universalmente que sirve para decir: “Rock and Roll”?

Publicado originalmente en www.myspace.com/israelmaster el 27 de agosto de 2009.

TIENDAS DE DISCOS QUE CIERRAN

Posted in Varios with tags , on febrero 16, 2010 by israelmaster

Hace unos días leí la noticia de que la legendaria Virgin Megastore de Times Square (N.Y.) echaba el cierre, con una masiva liquidación en la que se ponían a la venta hasta las estanterías. Lo mismo sucedía con la tienda de Londres, en pleno corazón de la capital británica.
El mismo artículo destacaba el hecho de que otro icono de la música en Londres, como Sister Ray, en la zona del Soho, podía correr la misma suerte. Las razones dadas no son nuevas: que si la crisis, que si las descargas ilegales, que si el negocio ya no es rentable…
Estas noticias, no por esperadas (de un modo o de otro, no nos sorprenden ya), resultan menos tristes.
Recuerdo la primera vez que visité Madrid, en torno al año ..94. Quedé impresionado al salir del metro en la Gran Vía y encontrarme con la enorme Madrid Rock, que elevé a la categoría de templo al momento. Para alguien como yo, fanático de la música, y que hasta esas fechas había salido poco de mi ciudad, ese momento marcó una especie de comienzo: el comienzo de la búsqueda de tiendas de discos emblemáticas que desde entonces me afano en encontrar en cada nueva ciudad que visito.
Desde aquel iniciático día en que conocí Madrid Rock, cada nueva visita que hacía a la capital suponía, como actividad destacada, la “gira” por varias tiendas para buscar títulos y hacer mis compras.
Estamos en 2009. Desde hace unos años, la añorada macrotienda de la Gran Vía no existe (en su lugar hay una tienda de ropa de una conocida cadena de origen gallego), como no existen otras, no menos representativas, aunque más pequeñas, como Globo Records, Discos del Sur, Rock Collector, Discos Centro…
Asimismo, he leído que en Barcelona,  ha suspendido pagos Discos Castelló, y ya ha cerrado, al menos, dos de sus establecimientos.
Sinceramente, no me apetece hacer ahora un análisis de las causas. Las explicaciones para esto las hemos oído demasiadas veces.
En este momento, eso es lo que menos me importa. Yo ya estaba ahí cuando nació Napster, el primer Napster. Después Audiogalaxy, Emule, iTunes, Spotify, etc, etc. Conozco eso, como también sé lo que es comprar un disco directamente de la página web de un grupo, porque no logro localizarlo ni siquiera por Ebay. Pero estar una hora revolviendo en las estanterías de una tienda…sin saber qué te vas a encontrar según vas pasando las diferentes portadas y carátulas. O el hecho de estar en una de esas tiendas escondidas para todos excepto para esos pocos fanáticos que saben de su existencia…
En más de una ocasión recuerdo haber estado en una de esas tiendas y, tras llevar un buen rato rebuscando, levanto la vista y veo a otras personas que están haciendo lo mismo que yo. ¡Cuántas veces me he preguntado!”¿qué estará buscando ese individuo que lleva un buen rato ahí, recorriendo las hileras de discos en silencio?” Llegas a sentir hasta curiosidad. Pero también las grandes como Virgin o Madrid Rock tienen su encanto. ¿O acaso no es bonito estar rodeado de miles de discos si la música es lo que más te gusta?
Sea como fuere, la desaparición de todas esas tiendas que menciono, en las que he pasado muy buenos momentos, me entristece.

Yo compro una buena cantidad de discos todos los meses. Y no pretendo ir en contra del progreso, ni de la evolución de la tecnología, sea informática o cualquier otra cosa. Como he dicho, estoy bastante al día en aplicaciones y páginas relacionadas con la música. Pero es que hay cosas que no pueden explicarse. Tal vez desafíen a la lógica y el raciocinio, no lo niego. Ahora bien, no todo en la vida es lógica. A veces, se trata de sentimientos.
En ocasiones cuento, como anécdota, qué soy capaz de recordar dónde he adquirido todos y cada uno de los discos de mi colección, que puedo asegurar que no es pequeña.
No todo el mundo me cree, pero quien me conoce sabe que es verdad.
Son parte de mí.

Blog publicado originalmente en www.myspace.com/israelmaster en julio 2009.

THE RASPBERRIES:NACIDOS UNA DÉCADA TARDE

Posted in power pop with tags , , on febrero 13, 2010 by israelmaster

Esta es la historia de una banda fuera de lugar, que se dio de bruces con la realidad de una industria musical que ya había visto nacer, evolucionar y desaparecer a The Beatles, y a una gran cantidad de grupos que fueron coetáneos de los de Liverpool cuya repercusión en la historia de la música fue obviamente menor. Atrás quedaba la juvenil evervescencia de The Searchers, Gerry and the Pacemakers, The Hollies, o tantos otros, englobados en lo que dio en llamarse sonido Merseybeat. Del mismo modo que se veían lejanas, de algún modo, las primeras creaciones de los Beach Boys, si nos referimos a los USA.

Justo en un momento en que los principales nombres del rock iban asociados al primigenio heavy metal, como Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple o al emergente rock sinfónico con representantes tan legendarios como Pink Floyd, Emerson, Lake & Palmer o Yes, aparece el debut discográfico de un grupo que, aparentemente, parecía encajar más en la década anterior.

Estamos en 1972, y se publica el debut de The Raspberries.

La banda se había formado en Cleveland, y consistía en un cuarteto formado por ex miembros de The Choir y Cyrus Erie: Dave Smalley, Jim Bonfanti, Wally Bryson y Eric Carmen, siendo éste último el verdadero alma mater del grupo.

Es curioso lo que la perspectiva que proporciona el paso del tiempo dificulta el imaginar el contexto en que este disco fue publicado.

El disco en cuestión contenía un verdadero aluvión de melodías y estribillos al más puro estilo de las bandas de la década anterior que tanto admiraban. Es como si mezclásemos en una coctelera un chorro de Beatles, unas pizcas de Who, y unas gotas de Small Faces, aderezadas ocasionalmente con alguna balada al piano, con Eric Carmen a la voz, cuyo estilo tendía a un cierto falsete en ocasiones (¿alguien ha mencionado a los Beach Boys?).

Uno de los títulos más destacables de este debut es precisamente el que abre el disco: “Go All The Way”, uno de los temas que más han perdurado dentro de su corta discografía y que, utilizando terminología de hoy en día, calificaríamos de canción “power pop”. La canción representa a la perfección la vertiente más pop de los Raspberries.

Todos los componentes aportan composiciones, a excepción de Jim Bonfanti, si bien, en mi opinión, destacan las de Eric Carmen, que ya daba muestras de su querencia por las baladas como comprobamos en “I Saw The Light”.

Las primeras copias del álbum incluían una pegatina en su portada que, al rascarla, despedía olor a frambuesa. Son muy cotizadas por los coleccionistas discográficos hoy en día.

Por tanto, constituían, de algún modo un cierto anacronismo. Iban contracorriente, a la vista del estilo de las bandas que estaban en lo más alto en ese momento. Nadie parecía ya a esas alturas interesado en melodías saltarinas y estribillos juguetones interpretados por un grupo cuyos componentes solían actuar con trajes a juego y con un vocalista con tendencia al falsete.
De alguna manera, estaban en una situación parecida a la de Badfinger, Big Star, o incluso los Stories de Ian Lloyd. Es como si hubiesen llegado una década tarde y, a pesar del incontestable talento que atesoraban todos ellos, no recibieron en su momento el reconocimiento que merecían. Si bien es cierto que el caso de Badfinger fue algo diferente, ya que su cruz fue que el relativo éxito que tuvieron se vio ensombrecido por problemas contractuales y con su discográfica.

Pocos meses después de su debut, publicaron el que pasa por ser su mejor trabajo: “Fresh”, que nos dejaría joyas como “I Wanna Be With You” o la balada, marca de la casa, escrita por Eric Carmen “Let..s Pretend”. “Fresh” se disfruta de principio a fin, y según mi criterio, es uno de los mejores discos grabados jamás en este estilo. ¡Fantástico!.

Sin embargo, su tercera entrega, en 1973, titulada “Side 3” supondría un cierto cambio de estilo. Todavía se apreciaba el regusto melódico en “Tonight” o en “On The Beach” por poner dos ejemplos, pero la banda buscaba un sonido más cercano al rock, como mostraban en “I..m a Rocker”.

El disco contiene, en mi opinión, la mejor composición de Dave Smalley con los Raspberries, “It..s Hard To Get Over a Heartbreak”.

También es reseñable la carpeta del disco, que en su parte superior (me refiero, claro está, a la edición original en vinilo) estaba recortada perfilando la forma del montón de frambuesas.

Tras este “Side 3”, Jim Bonfanti y Dave Smalley anunciaron su marcha del grupo.

Con la incorporación de Scott McCarl y Michael McBride sustituyendo a los mencionados, la banda editó el que, a la postre sería su último trabajo (exceptuando recopilatorios y discos en directo), titulado “Starting Over” (1974).

Tal como se apuntaba en “Side 3”, el alejamiento de las iniciales sonoridades pop es ya una realidad. Si bien “Play on”, y “I Don..t Know What I Want” (en la que recuerdan sobremanera a The Who) traen a la mente su estilo habitual.

Hoy día, el disco está considerado como un magistral canto de cisne para la banda, siendo valorado por parte de la crítica como su mejor trabajo, globalmente.

Yo no lo veo así. Me parece un buen disco, aunque es el “menos Raspberries” de los cuatro. No dudo que tratasen de demostrar que podían sonar enérgicos si se lo proponían. Tal vez lo consiguiesen con “Starting Over”, tampoco niego esto. Pero a mí, canciones como “All Through the Night” me suenan extrañas, como forzadas. Con el tiempo, creo haber llegado a apreciar este trabajo en su justa medida, pero siempre que lo escucho tengo la sensación de que parte de la magia había desaparecido.

Cada uno de los componentes siguió ligado al mundo de la música, si bien el único que lograría algún éxito importante fue Eric Carmen, con titulos como “All by Myself” o “Hungry Eyes”, que se incluyó en la banda sonora de la popular película Dirty Dancing.
En noviembre de 2004, y con motivo de la inauguración de la sala de conciertos House of Blues de Cleveland, Raspberries se reunieron, tras 30 años sin tocar juntos, para ofrecer un concierto cuyas entradas se vendieron en menos de diez minutos.

La respuesta del público fue tal, que se animaron a dar varios conciertos más. Uno de ellos fue grabado y editado en cd con dvd hace un par de años, en el que se incluía un prefacio escrito por Bruce Springsteen, reconocido admirador del grupo.
Raspberries tuvieron una existencia efímera (algo más de dos años), aunque prolífica (cuatro discos). Pero su influencia en bandas formadas en décadas posteriores es reconocida hoy día.

El grupo nació con la intención de recuperar las canciones cortas de melodías pegadizas que, según su opinión, eran la esencia del rock..n..roll, en un momento en el que eso no era precisamente lo más popular.
Tenían el don de transmitir una especie de inocente alegría que contrastaba con los estilos musicales en boga en la época, cuyas propuestas presentaban unas características bien distintas.
Por lo que a mí respecta, hace años que recurro a ellos cuando necesito que en mi cara se dibuje una sonrisa.

Y les estoy muy agradecido por la ayuda que me prestan para ello.

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THE CARS: LA FÓRMULA DEL ÉXITO

Posted in Rock with tags , , , , on febrero 13, 2010 by israelmaster

Éxito.

Esa palabra, con connotaciones positivas aparentemente indiscutibles puede, en ocasiones, mostrar un lado negativo.

En la historia de la música rock, resultarían incontables las ocasiones en las que se ha planteado una contraposición de fuerzas entre crítica y público, dando lugar al menosprecio por parte de los primeros hacia las bandas de aceptación masiva, y a una admiración por lo atípico, por lo no aceptado mayoritariamente.

Yo mismo me reconozco culpable de haber mostrado esa actitud en ciertas etapas de mi vida ante determinadas propuestas musicales.

Bajo la poco definida etiqueta “New Wave”, término acuñado en 1977, tenían cabida grupos muy diferentes entre sí: desde el estilo inspirado en los ´60 de The Jam, pasando por los mensajes comunistas de Gang Of Four, el sonido oscuro de Joy Division,, la “modernidad” de Devo,  las extrañas melodías de Talking Heads, la capacidad para componer música en diversos estilos de Elvis Costello, un grupo de New York con chica rubia al frente como Blondie, y muchos otros, entre los cuales estaban The Cars.

The Cars es uno de los nombres que salen a relucir con mayor frecuencia cuando se hace alguna referencia a la música de ..la New Wave.. en los U.S.A..

Lo cierto es que fueron una de las bandas de mayor repercusión en su época a nivel comercial, si bien es verdad que, a nivel de crítica, sus logros parecían menores.

The Cars estaban radicados en Boston, y comenzaron su andadura discográfica en el verano de 1978, con su homónimo debut “The Cars”.

La banda estaba capitaneada por Ric Ocasek y Benjamin Orr, que se conocían desde hacía años y habían tocado juntos en otras bandas anteriormente. El quinteto estaba completado por Elliot Easton a la guitarra, David Robinson a la batería y Greg Hawkes a los teclados.


¿Por qué tuvieron tanto aceptación por parte del público? Sinceramente, no creo que exista un sola respuesta a esto, pero trataré de aportar algunas posibilidades.

Lo primero a comentar es el sonido de la banda. Esta es la primera dificultad con la que nos encontramos. Su estilo no encajaba al 100% dentro de los parámetros del rock, puesto que tendían claramente  a las melodías y estribillos de corte más desenfadado, si bien es cierto que el sonido de guitarras estaba bastante presente en su música, de un modo tal que dificultaría su calificación como grupo pop.

No obstante, a lo largo de su carrera, su orientación musical iría variando, lo cual comentaré con más detalle más adelante.


La segunda característica a mencionar es su imagen. Al menos en los primeros años era claramente rockera. No hay más que recurrir a viejas grabaciones de actuaciones y videos de la banda y, ahí les tendremos, vestidos con aspecto claro de banda de rock.

Incluso el logotipo que solían usar en los comienzos habría servido para ser utilizado por un grupo de hard rock.
Tal vez, el encontrarse (deliberadamente, o no) en esa posición intermedia fue el igrediente clave que les hizo ser seguidos por un amplio abanico de fans.

 

 

Como comentaba más arriba, su primer trabajo, titulado simplemente “The Cars” (1978) era un compendio de canciones cortas, directas, que enganchaban rápidamente con las primeras escuchas. En la labor de cantante solista, la tarea se repartía entre Ocasek (compositor casi exclusivo del disco) y Orr. Es que es frecuente que se destaque este debut como el mejor disco de The Cars. La verdad es que contenía algunos temas que acabarían convirtiéndose en clásicos, como “Just What I needed”, “My Best Friend´s Girl” o “Moving In Stereo”.

Para mí, este es el disco con sonido más claramente rockero que grabarían jamás. Difícilmente volveríamos a encontrar en su discografía el potente sonido de “You´re All I´ve Got Tonight”, por poner un ejemplo.

Aunque que podemos escuchar abundantes solos de guitarra a lo largo de todo el disco (lo cual les acerca al Rock), no es menos cierto que los teclados de Greg Hawkes tienen una marcada presencia, anticipando de algún modo lo que sucedería en la década que estaba a punto de comenzar. En cualquier caso, la aportación de Hawkes suponía realmente un complemento, de tal modo que “tejía” melodías que actuaban más como arreglos para completar la canción que como base de la música.

Personalmente, considero este disco como un clásico en toda regla, independientemente de estilos, modas emergentes y demás, y al margen de si era un disco “comercial” o no.

A mí siempre me ha parecido su obra más homogenea y completa.

La prestigiosa (por aquél entonces) revista Rolling Stone les otorgó el reconocimiento de mejor grupo novel.

El tremendo éxito les llevaría a repetir fórmula en su segunda entrega, “Candy-O” (1979).


De nuevo sus canciones se apoyaban en una base de estilo Rock que se completaba con los teclados de Greg Hawkes. Entre los cortes más recordados del álbum están, sin duda, el bombazo “Let´s Go” y la pegadiza “It´s All I Can Do”, si bien una de mis favoritas es “Since I Held You”.

Seguían las pautas de su debut discográfico, y su estatus se consolidó.


Yo suelo situar este “Candy-O” un peldaño por debajo del primero, aunque lo único que desequilibra la balanza, para mí, es el propio tema-título, un tanto oscuro y alejado de los parámetros habituales del grupo y “Shoo Be Doo”, que no es más que un extraño experimento electrónico.

La portada del disco fue encargada a Alberto Vargas, afamado y veterano dibujante de pin-up girls para revistas como Esquire o Playboy, que aceptó el encargo a pesar de estar prácticamente retirado.


“Panorama” (1980) supondría el primer cambio de rumbo importante en su carrera. Lejos de mantener las características habituales de su música, lo que ofrecía “Panorama” era un giro hacia un sonido notablemente más oscuro, abusando en algún momento de ritmos un tanto maquinales y robóticos. Había desaparecido esa luminosidad y alegría que sobrevolaba los surcos de sus dos primeros trabajos.

Es el típico disco que suele causar controversia entre sus seguidores: parte de ellos lo consideran como una obra que nunca fue apreciada en su justa medida, y que simplemente precisa de varias escuchas para ser valorada, mientras que otros lo consideran una metedura de pata, como consecuencia de un intento de demostrar que podían sonar menos “amigables”.

Tiendo a decantarme por la segunda de las opiniones. Admito que, cuanto más lo he ido escuchando, más matices he ido descubriendo, a pesar de una primera impresión no demasiado positiva cuando lo pinché (¡sí, tengo el vinilo original!) por primera vez hace algunos años.

Reconozco haber llegado a disfrutar “Touch And Go” (quizá el tema más recordado de “Panorama”), y también he de decir que me gustan los dos títulos que cierran el álbum: “Running To You” y “Up And Down” (a pesar del ritmo machacón de ésta última). También salvaría de la quema la extraña balada “You Wear Those Eyes”, pero hay demasiadas cosas que se me atragantan, como los casi ¡6 minutos del tema-título! o
“Don´t Tell Me No”.

Creo sinceramente que, globalmente, no está a la altura de lo que habían hecho hasta el momento en cuanto a la calidad de las canciones, y tampoco ayuda el nuevo enfoque que quisieron darle al sonido del disco.

Curiosa contraportada, en la que aparecen las fotos de los cinco músicos dispuestas en círculo, con un peculiar juego de sombras.

Llegados a este punto de su carrera, y manteniendo el respaldo de su público a pesar de su cambio de rumbo musical, el grupo ya había empezado a aprovechar las posibilidades de promoción de los video clips, y explotaban ese aspecto en mayor medida cada vez. Para “Panorama”, sin ir más lejos, ya se atrevieron a rodar un video en el que protagonizaban una especie de historia de espías. También rodaron uno en un parque de atracciones para el tema “Touch And Go”. Vistos hoy, ambos acusan el paso del tiempo, y podemos afirmar que Rick Ocasek no podría haberse ganado la vida como bailarín, a la vista de lo que muestra el clip de “Touch And Go”, pero hay que tener en cuenta que estábamos en 1980. Todavía faltaban dos años, por ejemplo, para el famoso “Thriller” de Michael Jackson, por poner una referencia temporal (este comentario lo hago en relación a la elaboración de los videos; no trato de comparar las cualidades de Jackson y Ocasek como bailarines, que son ¡radicalmente diferentes!).

En 1981, The Cars adquirieron un estudio de grabación en Boston, y lo reformaron para adaptarse a sus necesidades. Lo llamaron Syncro Sound.

Es precisamente en ese estudio en el que se graba su siguiente obra, “Shake it up” (1981).

“Shake It Up” suponía una intento por recuperar parte de lo que habían mostrado The Cars en sus dos primeros trabajos. En parte lo consiguieron con canciones como “Since You´re Gone” o “Victim Of Love”.

Sin embargo, insistían en utilizar esos ritmos de batería tan “ochenteros” de los que tanto habían abusado en “Panorama”. La oscuridad que sobrevolaba aquél disco no estaba tan presente aquí, pero lo que no me encaja mucho es el ritmo excesivamente repetitivo y monótono de algunas canciones. De hecho, me pregunto si realmente David Robinson tocaba la batería en el disco o no. En los créditos y en las fotos de la carpeta del álbum aparece, pero da la sensación de que los ritmos de las canciones son de tipo electrónico,de esos que suenan a “órgano Casio” (los que hayan vivido su adolescencia en los ´80s me comprenderán).

Este disco tampoco me convence al 100%, aunque me gustan canciones como “I´m Not The One” y la extraña “This Could Be Love”, que interpreta magníficamente Benjamin Orr.

Quizá había llegado el momento de tomarse un respiro tras haber seguido el ritmo frenético de publicar un disco por año.

Efectivamente, tras publicar “Shake It Up”, Ocasek, Orr y Hawkes llevaron a cabo proyectos discográficos en solitario.

Tal vez, esa pausa vino bien al grupo después de todo, a juzgar por lo que vino después.

Llega el momento de hablar de “Heartbeat City” (1984), el disco que se supone que debe ser repudiado por todo rockero que se precie de serlo. Lo tiene todo para ello: producción y sonido típicamente “de los ochenta” (en el sentido más peyorativo del término), montones de éxitos radiofónicos, varios video clips emitidos cientos de veces por ..la MTV.. americana, los sintetizadores de Greg Hawkes tomando el control absoluto… ¡No se hable más! ¡Es obligado odiarlo!…¿O no?

Hablando un poco más en serio, y dejando a un lado los prejuicios que tantas veces se ponen de manifiesto en estos casos, tengo que decir que este es un buen disco. Es más, me parece un MAGNÍFICO disco. Vayamos por partes:

La primera novedad la encontramos en la producción, a cargo de Robert John “Mutt” Lange, al que conocemos por sentarse tras los controles en “Hysteria” (1987) de Def Leppard o “Highway To Hell” (1979) de AC/DC, entre otros.

En cuanto a la producción y grabación del disco, la inmersión en el sonido de los ochenta es ya total, eso es cierto, pero sin embargo este álbum tenía algo que no abundaba en los dos anteriores: BUENAS CANCIONES.

El disco comienza con “Hello Again”, en la que podemos constatar lo que he dicho más arriba sobre los sintetizadores.

No sé si me habré vuelto loco, pero juraría que el modo en que suenan las voces en el estribillo de este tema recuerdan 100% a los anteriormente mencionados Def Leppard.

Es destacable también el hecho de que el video clip que se rodó para la canción estaba dirigido por Andy Warhol, y fue censurado en su día por los desnudos femeninos que se mostraban en él (más abajo he colgado el video íntegro).

El propio Warhol aparece en el video, interpretando el papel de barman.

Otro de los bombazos de “Heartbeat City” es “Magic”.

Sí, lo sé, el sonido está sobreproducido, y suena desfasado, y es un poco hortera, blah, blah, blah… A mí me parece una gran canción, con una de las melodías mejor estructuradas que habían hecho hasta el momento. El pegadizo “puente” de la canción nos lleva a un explosivo estribillo. Hasta la guitarra de Elliot Easton recupera parte del protagonismo perdido.

Otro simpático video con Ocasek caminando sobre el agua acompañaba la canción, que es perfecta para escuchar en verano.

Esta alegre canción nos lleva al clásico absoluto del álbum y del grupo: “Drive”.

Se trata de la balada por excelencia de The Cars, y tal vez constituya la mejor interpretación en la carrera Benjamin Orr, que raya a gran altura aquí.

Es, probablemente, el tema más legendario del grupo.

La melodía fue utilizada como fondo, en su día, para una serie de documentales acerca del hambre en África. De nuevo, otro video que fue emitido hasta la saciedad, algo que The Cars habían aprendido a explotar perfectamente como instrumento de promoción, de eso no cabe duda. La mujer que protagonizaba el clip se llamaba Paulina Porizkova, y se casaría con Ric Ocasek en 1989.

Realmente la melodía es bastante sencilla, pero me parece una canción muy lograda, en la que encaja perfectamente la atmósfera que crean los teclados a lo largo de todo el tema.

Quizá sería exagerado afirmar que puede estar a la altura de las mejores baladas de los 80´s, pero dudo que desentonase en un recopilatorio de ese estilo. Carece del punto de emoción e intensidad de “Open Arms”, de Journey, de “I Wanna Know What Love Is”, de Foreigner, o de algún tema de Reo Speedwagon , pero teniendo en cuenta la diferencia existente en cuanto a concepto entre The Cars y los nombres mencionados, es meritorio el hecho de que se plantee siquiera la comparación.

Y, tras “Heartbeat City”, un nuevo lapso de 3 años hasta el lanzamiento del que sería a la postre, el último trabajo del grupo “Door To Door” (1987).


Un álbum algo deslabazado, aunque con algún buen tema, como los melódicos “You Are The Girl” y “Coming Up You” o el guitarrero “Strap Me In”.

Hay algún sorprendente tema casi hard rock como “Double Trouble”, y también una balada que no está a la altura de “Drive”, como “Wound Up On You”.

Sería la última grabación de una banda que se deshacía, aunque tiene buenos momentos.

En 1988 se anunciaba su separación, que sería definitiva.

Y, ¿qué ha sido de estos cinco músicos?

Bien, pues Elliot Easton y Greg Hawkes trataron de revivir al grupo bajo el nombre de The New Cars, reclutando a nombres como Todd Rundgren o Kasim Sulton (ex­ Utopia), y han estado dando conciertos interpretando los clásicos de The Cars.

David Robinson dejó la música y ha estado ocupando su tiempo en un restaurante, además de en una galería de arte.

Ric Ocasek ha grabado varios discos en solitario, y tiene una gran reputación como productor discográfico. Ha trabajado con Weezer, Bad Religion, D-Generation y Bad Brains, entre otros.

He dejado para el final a Benjamin Orr.

El cofundador de la banda junto a Ocasek, con quien había tenido amistad desde los primeros años ´70, perdia su batalla contra el cáncer en 2000. Se cuenta que estuvo tocando con diversos grupos hasta el final.

Pues esta fue la historia de The Cars, a grandes rasgos. Un grupo que no suele ser el favorito de nadie, y que no fue genial, ni lo pretendió, aunque todo aficionado al rock les recuerda de una manera o de otra, y que dejaron para la historia de la música algo más que una serie de éxitos para radifórmulas.

Seguramente, ninguna lista de esas con los mejores discos jamás publicados, que elaboran periódicamente las revistas de Rock, incluirá nunca un disco suyo, pero yo creo que, al menos los dos primeros, sí son de escucha obligada para todo rockero con una mente mínimamente abierta.

Y si su mente es abierta de verdad, llegará incluso a valorar en su justa medida “Heartbeat City”.

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FM: UN SUEÑO QUE NO SE HIZO REALIDAD

Posted in AOR with tags , , on febrero 8, 2010 by israelmaster

En los años ´80 la música AOR, o rock melódico vivió su momento de mayor esplendor en los Estados Unidos. Nombres que hoy son legendarios como Reo Speedwagon, Survivor, Journey, Styx, Toto o Foreigner encontraron un magnífico vehículo para su música en las emisoras de radio de la época.A mediados de la década se formaba en el Reino Unido FM, un proyecto compuesto por los hermanos Chris y Steve Overland, Merv Goldsworthy, Didge Digital y Pete Jupp.
Los Overland habían pertenecido a Wildlife, mientras que Goldsworthy y Jupp habían pasado por Samson. Didge Digital (cuyo nombre real era Philip Manchester), por su parte, había estado tocando con Gerry & The Pacemakers antes de unirse al grupo.
FM nacía con la idea de hacer música al estilo de los grandes del rock melódico mencionados. Esa era su meta, el objetivo que perseguían, aunque la “industria”, a veces injusta con bandas de verdadero talento, les daría la espalda.Hay varias teorías que se manejan para explicar el porqué de lo que sucedió con FM. Unas apuntan a su origen británico como causa de su escasa aceptación en el mercado americano (no olvidemos que su sonido era muy “americano”), mientras que otras consideran que su sello discográfico no acabó de ver el potencial del grupo como una “inversión rentable”.Pero hay algo que tengo claro que no fallaba: su calidad. 

Sus dos primeros trabajos están, para mí, entre los mejores discos jamás grabados dentro de este estilo, y eso es lo que me gustaría enfatizar en estas líneas que he querido dedicarle a esta gran banda.

INDISCREET: COMIENZO PERFECTO


FM grabaría su debut discográfico con el sello Portrait, perteneciente al gigante CBS, bajo el título de “Indiscreet” (1986).

El álbum, que fue grabado entre Ibiza, Surrey y Londres, era un magnífico trabajo de rock melódico (lo que frecuentemente se conoce como AOR) íntegramente escrito por los miembros del grupo.

En él se daban todos los elementos habituales en este estilo: un cantante que interpretaba con verdadero sentimiento, unas canciones de sonido cristalino, cuidada producción, y temática relacionada con corazones rotos, chico que echa de menos a chica, y declaraciones de amor varias.

Pocas veces me he encontrado con un debut tan sólido como este, en el que el nivel se mantiene tan alto a lo largo de la totalidad del mismo.

El álbum se abría con “That Girl”, que fue, asimismo uno de los singles editados para promocionarlo (concretamente, el segundo, tras “Frozen Heart”). El tema se acompañaba de un videoclip en el que entre las escenas de la banda tocando, se intercalaban planos rodados en una playa. El escenario elegido fue Jamaica.

Viendo hoy estas imágenes, uno se da cuenta de cómo pasa el tiempo al observar las vestimentas y el “look” de los músicos. Esa especie de gabardina larga de Chris Overland, las chaquetas más bien amplias y frecuentemente remangadas, los melenas típicas de la época, etc. Aunque a nivel estético lo más llamativo eran los trajes rosas que solía lucir el bajista Merv Goldsworthy.

Pero no nos centremos en la anécdota, que es un error frecuente e injusto que se comete demasiadas veces con las bandas de los ochenta, y continuemos con la música.

En su momento, “That Girl” fue grabada por nada menos que Iron Maiden como cara B del single de “Stranger In A Strange Land”.

Tras la rápida “Other Side Of Midnight” llega otra de las joyas de “Indiscreet”: “Love Lies Dying”, con una sentida interpretación de Steve Overland cantándole a un amor que se termina.

“I Belong To The Night”, sin embargo, podría encajar sin problemas en el repertorio de cualquier banda de hard rock de la época, y en la que se nos habla de otro tipo de “amor”. Ese que está “desprovisto de emociones” y tiene que ver “sólo con el negocio”, como dice la letra.

“American Girls” (tema ideal para el verano) nos lleva al potente “Hot Wired”.

“Face to Face” y su estribillo marcado con los teclados es la antesala de la verdadera joya del disco.

Cuando se habla de las mejores baladas de la historia del rock suelen salir títulos como “I Want To Know What Love Is” de Foreigner, “Rosanna” de Toto, “Keep On Loving You” de Reo Speedwagon, “Open Arms” y “Faithfully” de Journey, “Babe” de Styx…Pues yo voy a añadir una de Fm: “Frozen Heart”.

Musicalmente hablando, es la canción de ritmo más pausado de las nueve que incluye este trabajo y fue, como indiqué más arriba, el primer single publicado del mismo.

Destacaría, sobre todo, el trabajo a los teclados de Didge Digital y el momento central de la canción cuando se produce un leve cambio de melodía que introduce el solo de guitarra.

Insisto en lo dicho más ariba, “Frozen Heart” merece un lugar entre las grandes.

EL ESTRELLATO QUE NUNCA LLEGÓ

Tras este gran debut (aunque con moderadas ventas), su sello discográfico decidió apostar fuerte por FM, y puso los medios para tratar de lograr un éxito acorde con la indudable calidad del grupo.

Se contactó con Desmond Child, experto en lograr temas rockeros con gancho, que co-escribiría algunos títulos, así como con otros compositores ajenos a la banda, para aportar su granito de arena al proyecto. Es importante recordar que Child co-escribió “You Give Love A Bad Name” y “Living On A Prayer” dos de las canciones más destacadas de “Slippery When Wet”, de Bon Jovi, por lo que parecía ser la persona indicada para dar el empujón comercial a FM.
Se cuenta que existió una reunión de ejecutivos de Epic con el grupo al completo en la que se visionó el videoclip de “Rock The Night”, de Europe, con la intención de animarles a que tratasen de hacer algo como eso.

El resultado de todo esto fue “Tough It Out” (1989).

“Bad Luck”, uno de los temas en los que participaba Desmond Child, fue el escogido como primer single, un tema de enérgico estribillo al que acompañarían como sencillos “Someday” y “Everytime I Think Of You”, ambos firmados por músicos ajenos a FM.

Por aquel entonces, cuando las televisiones americanas emitían los videoclips de la banda, se referían a ellos como “FM-UK”, para evitar ser confundidos con el grupo canadiense de rock progresivo del mismo nombre.

Como elección, no puedo decir que fuese equivocada la de las tres canciones mencionadas como singles. “Everytime I Think Of You”, en concreto, viene a ser lo que “Frozen Heart” era para “Indiscreet”: “la balada” del disco.
Cuesta comprender cómo una canción de ese calibre publicada como single…¡y en 1989! no se convirtiese en todo un hit radiofónico como “Heaven”, de Warrant, “Carrie”, de Europe, “The Flame”, de Cheap Trick, “Alone”, the Heart, “Is This Love?”, de Whitesnake, y tantos otros ejemplos que podríamos citar. En la segunda mitad de los ´80 este tipo de canciones vivieron un momento de especial popularidad, y resulta llamativo que ninguno de los temas de FM lograsen la misma repercusión mediática que los títulos citados. Ni de lejos.

Pero, si los singles me parecen acertados, no menos bueno me parece el resultado global del álbum, cuyo nivel está casi parejo al de su debut. Es más, una buena parte de la crítica, hoy día, valora este segundo trabajo como superior a “Indiscreet”.

“Does It Feel Like Love?”, “The Dream That Died” o la potente “Burning My Heart Down” (que sería incluida en la banda sonora de la película ‘Águila de acero II’) eran excelentes canciones, que poco tenían que envidiar a las de otros grupos de mayor éxito comercial. Y el sonido también estaba muy logrado, sin entrar a valorar si la elevada inversión estaba justificada o no (ya que a mí me gustaba el sonido de “Indiscreet”), y contextualizando esta afirmación, porque no debemos olvidar que estamos hablando de 1989.

Pero, a pesar de que “Tough It Out” es considerado un verdadero clásico, e incluso un disco de culto para los seguidores del estilo, las expectativas de Epic no se cumplieron, y FM fueron invitados a buscar otro sello.
La industria, cambiante y caprichosa, los gustos del público (no menos cambiantes y caprichosos) o lo que fuese, pusieron fin así al sueño de FM: lograr un éxito masivo.

Este no sería, no obstante, el fin de esta banda.

SUPERANDO LA DESILUSIÓN
En 1991, y ya con un sello mucho más modesto (Music For Nations) lanzarían “Taking It To The Streets”, un álbum de sonido más contundente que los dos anteriores y que suponía un cierto bajón en calidad. Como el propio grupo ha confesado en alguna ocasión, el repertorio estaba formado por temas que habían sido escritos tiempo atrás y que se habían quedado a medio terminar. La inclusión, casi a última hora de una versión del clásico “I Heard It Through The Grapevine” y de “Only The Strong Survive” fueron un acierto, dado que ambas fueron editadas como singles. Si bien la primera de ellas no me convence del todo (me gusta la versión de Marvin Gaye, pero esta no me dice nada), “Only The Strong Survive” sí es uno de los iconos de la banda, con su magnífico comienzo con guitarra acústica y ese estribillo con tintes de himno.
Cuando “Taking it…” se publicó, Chris Overland ya había abandonado el barco, desalentado tras la decepción del resultado de “Tough It Out”.

Este era un trabajo, en general, de sonido más duro que los anteriores, en el que los teclados de Didge Digital perdían protagonismo, lo que me parece una pena, ya que creo que suponían parte del encanto de lo que podríamos considerar sonico clásico de FM. Poco después de publicar este disco, el teclista dejaría el grupo.

Con la nueva formación, en este caso de cuarteto (Steve Overland, Pete Jupp, Merv Goldsworthy y Andy Barnett) se grabaría “Aphrodisiac” (1992), que sería alabado por la crítica y que, afortunadamente, volvía a subir el listón y a demostrar que FM podían reinventarse, al menos en parte, y seguir adelante sin dos de los componentes originales.

He leído más de una opinión que sugiere que este puede ser el trabajo más completo que grabaron, idea ésta que no comparto, aunque sí me parece un disco francamente logrado, y en el que parece querer colarse algún ramalazo blues que no se apreciaba en anteriores grabaciones, como el tema que cierra el álbum, “Hard Day In Hell” o algún momento de “Take The Money”.
En cualquier caso, de este “Aphrodisiac” yo destaco “All Or Nothing” por su potente y enérgico coro en el estribillo, “Blood And Gasoline” y “Closer To Heaven”, otra balada marca de la casa a engrosar su notable currículum en este apartado. Desde luego, Steve Overland muestra una vez más en esta canción que la suya es una de las voces a reivindicar en la historia del rock, y es algo en lo que debo insistir hasta la saciedad. Da la sensación de que lo vive, de que realmente siente lo que canta.

Notable trabajo que merece las positivas críticas que recibió, aunque sigo prefiriendo el estilo de los dos primeros discos, con mayor presencia de teclados, elemento que tal vez transmite una mayor sensación de estar escuchando algo desfasado, pero que al mismo tiempo añade un encanto muy especial, agregando un toque de color a las melodías.

“Dead Man´s Shoes” (1995) supondría el canto de cisne de la banda.

Con un sonido claramente más suavizado con relación a lo publicado anteriormente, justo es reconocer que, aún siendo algo irregular, nos dejó alguna joya como “Tattoo Needle”, “Ain´t No Cure For Love”, “Misery” o “You Are The One”, otra balada que lleva su sello inconfundible, y que considero la joya del álbum.

Es un título poco recordado en su (breve) discografía, pero las canciones citadas justificarían su escucha.

A grandes rasgos, esta es la historia de una banda cuyo talento no iba parejo con la aceptación por parte del gran público, a pesar de practicar un estilo teóricamente pensado para llegar fácilmente a un público amplio y de tener calidad.

Me apetecía dedicarles unas líneas, y es lo que he hecho.

Su estilo tenía algo muy especial, y no puedo evitar rebuscar en Ebay, Musicstack y demás sitios web de subastas y segunda mano para tratar de conseguir los más variados fetiches de este grupo puestos a la venta en su día, como singles con la forma del logotipo de FM, Maxis con temas que no aparecían en los Lp´s, etc.

Por lo que he podido observar, no soy el único. Es más, parece que en los últimos años, y gracias a una serie de páginas web y diversos foros dedicados al rock melódico, el interés por esta banda la está elevando al estatus de “grupo de culto”.

Podría pensarse que no soy objetivo cuando hablo de la música rock de la segunda mitad de los ochenta, y por lo tanto, de la época de mi adolescencia, por aquello de la nostalgia, de los recuerdos asociados a determinadas canciones, determinados videoclips, un cierto estilo musical o imagen, de añoranza de un tiempo pasado, etc.

Efectivamente, se podría pensar eso, pero en ese caso, lo mejor que se podría hacer para salir de dudas es pinchar (sí, el vinilo, a poder ser) “Indiscreet” y juzgar por uno mismo. Tal vez, después de todo, y más allá de la nostalgia y los recuerdos, la magia sí existía.

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